Crónica del 25 S: Ocupa el Congreso


Textos de Alejandro López de Miguel y Marta Talavera Mayor
Fotografías de Alejandro López de Miguel



27 de  Septiembre de 2012

Comienza la protesta


 Marta Talavera Mayor


Convocada por la Plataforma En Pie!, la iniciativa “Ocupa el Congreso” contaba con la adscripción de cerca de ochenta organizaciones, y pretendía rodear el Congreso de los Diputados de manera pacífica, para expresar el malestar de los manifestantes con las medidas del actual Gobierno y para pedir su dimisión, así como una revisión de la Constitución. 

Declarada ilegal por la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, y comparada por la Secretaria General del Partido Popular, Dolores de Cospedal, con el Golpe de Estado del 23 F, esta reivindicación, para la que un ciudadano pidió permiso a título personal ( aunque la organización se desmarcase de esta solicitud) desató la polémica desde que fue comunicada por vez primera, al inicio del verano.

Desde primera hora de la mañana del 25 de septiembre, el Congreso de los Diputados y muchos otros puntos de la capital ya  estaban preparados para la manifestación que debía partir esa misma tarde a partir de las 17:30, rumbo a Carrera de San Jerónimo.

Las vallas, reforzadas con cadenas, rodeaban el congreso. Todo el centro estaba atestado de furgones policiales, y numerosos controles en calles estratégicas negaban el paso a todo aquel que no pudiese acreditar que vivía o trabajaba en la zona.

Cerca de 1.350 efectivos de la policía fueron movilizados para la ocasión: agentes con cascos y material para repeler ataques y efectuar cargas, perros policías sin bozal e incluso un helicóptero para un control absoluto de la manifestación.

Las fuentes policiales consultadas por este medio dejaron claro que no había orden previa ni intención alguna de cargar, aunque en opinión  de muchos de los asistentes y de los coordinadores de las distintas asociaciones adscritas a la iniciativa,  el dispositivo era exagerado.

Incluso, algunos de los  manifestantes aseguraron que se habían producido registros en los autobuses y vehículos particulares en los cuales se habían desplazado a la capital (entre ellos, uno de los autocares provenientes de Zaragoza).

En cualquier caso, a partir de las 12:00 horas  comenzaron a congregarse manifestantes venidos de todos puntos de España (de Andalucía al País Vasco, y de Extremadura a Cataluña). Se esperaba que más de 700 personas sólo en los autobuses que había preparado la propia organización para participar en lo que en principio iba a ser una protesta pacífica.

Por la mañana, pudimos hablar con representantes de varios colectivos participantes, entre ellos numerosos miembros del movimiento 15M de distintas comunidades, pero también individuos que de manera individual marchaban al Congreso para pedir una sanidad gratuita, una educación pública o el reconocimiento de ciertos derechos sociales.

El heterogéneo grupo de manifestantes se desenvolvía en un ambiente relajado, sólo rota por algunos de los asistentes, que increparon a Televisión Española por la censura que, según ellos, está viviendo la cadena en los últimos tiempos.

Hubo dos puntos de llegada: la Plaza España y Atocha. Alrededor de las dos de la tarde, en Atocha había ya entre 300 y 400 personas,  frente al centenar de manifestantes concentrados en  Plaza España , aunque el número fue creciendo conforme se acercaba la hora de arranque programada para las 17:30 horas.

En Atocha hubo apasionadas intervenciones en defensa de los derechos ciudadanos, con varios testimonios de personas que indicaron su decisión de salir a la calle para protestar por el retroceso de derechos que vive nuestro país.

Cerca de las seis de la tarde la plaza comenzó a llenarse, y poco después ya se desbordaba, superando claramente la cifra de 6.000 asistentes dadas por algunos medios.


Algo después de  esa hora, algunos manifestantes comenzaron a proferir insultos contra la policía, que ya estaba uniformada y pertrechada con las protecciones corporales,  pero sin lucir la correspondiente identificación. La caballería también estaba lista.


Desde la multitud salieron disparados, al menos, cuatro huevos  mientras un grupo de manifestantes,  del que la mayor parte eran encapuchados, comenzaron a insultar y a agitar las vallas.


A partir de este momento las chispas empezaron a saltar y lo que iba a ser una protesta pacífica a favor de la evolución de la democracia fue pulverizada  por algunos de los individuos situados a ambos lados de la barrera, que marcaron un cambio de rumbo en la jornada.



Caen las vallas, comienza la Batalla del Congreso.


Alejandro López de Miguel

      


Tras la caída de las barreras, los policías reaccionaron cargando por vez primera y de manera indiscriminada contra los manifestantes, en su mayor parte pacíficos; comenzaban así las primeras detenciones, mientras los agentes apostaban un par de furgones policiales junto a la maltrecha valla.





Los asistentes a la protesta proclaman todo tipo de consignas, casi siempre pacíficas, mientras alzaban sus manos ante la autoridad.  Sin embargo, no tardaron mucho en producirse nuevas cargas, en las que un policía y  varios manifestantes resultaron  heridos.

“Seguiré manifestándome siempre que pueda”
Francisco Javier López Aguilar, herido del 25S

En una conversación telefónica mantenida con Pensamiento Crítico, Francisco Javier López Aguilar, trabajador de la empresa Siemens en Getafe, ha informado hoy de la positiva evolución de su estado de salud. López, de 49 años, asegura que en el momento de la agresión conversaba pacíficamente con dos agentes en compañía de su hijo Javier (le sostiene la cabeza) cuando un tercer policía apareció detrás de sus compañeros y le golpeó con fuerza. Cuando perdió la conciencia como consecuencia del golpe, Javier llevó a su padre a la ambulancia más cercana, que le trasladó al hospital de la Paz. Con el tabique nasal roto y después de recibir varios puntos en la frente, López Aguilar ha interpuesto la correspondiente denuncia, pero ha sido incapaz de localizar a su agresor.

Como le ocurrió a López Aguilar, fueron muchos quienes resultaron heridos después de las primeras cargas, mientras que los  manifestantes violentos comenzaron a lanzar piedras y botellas de cristal contra la policía, que respondió con mayor fiereza.

Una bengala lanzada en medio de la plaza Cánovas del Castillo por parte de la minoría violenta que, en su mayor parte, cubrían de forma total o parcial sus rostros,  marcó el inicio de una verdadera batalla: grupos de entre ocho y doce agentes se dispersaron por las inmediaciones de la plaza, cargando contra todo el que se ponía a su paso, e incluso hiriendo a un cámara en el tobillo mediante el impacto (por suerte, rebotado) de una pelota de goma. 

Casi un centenar de personas  se agruparon formando un único frente para combatir a los policías, mientras una lluvia de piedras, botellas y palos caía sobre los agentes,  que se refugiaron bajo las marquesinas o bajo las cornisas de los edificios en varias ocasiones.





Desde el centro del paseo, entre los árboles,  un grupo de personas también arrojaba diversos objetos contra  el grupo policial más cercano, que decidió aventurarse en la oscuridad y abandonar la avenida abierta, en la que no había donde guarecerse de la lluvia de proyectiles lanzados por los manifestantes violentos.

El foco de una cámara de televisión iluminó el paseo durante unos instantes, antes de que un agente golpeara con fuerza el aparato ordenando al cámara que dejase de grabar.  Sin embargo, la policía no logró acercarse a ninguno de los manifestantes violentos, que huyeron hasta la rotonda de la Estación de Atocha, seguidos por la prensa y las fuerzas del orden.

Mientras algunos de los manifestantes cortaban el tráfico, otros lanzaban papeleras e incluso las sillas de la terraza de un bar contra la calzada, objetos que los cuerpos de seguridad intentaban retirar mientras se protegían de los proyectiles y efectuaban disparos contra los violentos, que se batían en retirada.


 Cientos de personas se refugiaron en los negocios abiertos, e incluso el responsable de un bar negó la entrada a la policía, que golpeó a uno de los jóvenes que se concentraban en la puerta de otro establecimiento,  en la plaza de acceso al Museo Reina Sofía, sin que éste provocase en modo alguno a las fuerzas del orden.

Varias personas insultaron a los agentes desde los balcones, y al menos una decena de furgones llegaron para asistir a los cuerpos de seguridad, aparcando en la Calle Atocha e impidiendo el paso a los peatones a la zona. Los policías volvieron a agruparse y realizaron varias inspecciones por los alrededores, para, poco después, montar en sus vehículos  y prepararse para partir. 

Si bien una parte de las unidades dio la vuelta a la rotonda para poner rumbo al Paseo del Prado, el grueso de sus fuerzas se encaminó hacia Atocha para protagonizar uno de los episodios más polémicos de la noche.


Las cargas de Atocha

Poco después de las diez y media de la noche, entre ocho y diez furgones policiales estacionaron en las inmediaciones de la estación de Atocha. Los agentes, que amenazaron y zarandearon a algunos de los ciudadanos que les contemplaban desde la acera, irrumpieron en el vestíbulo de la estación y golpearon con dureza a un joven, mientras una chica que le acompañaba lo retenía, para evitar que se enfrentase a las fuerzas policiales.







Con los accesos abiertos (por la acción del personal de la estación), al menos media docena de efectivos policiales irrumpieron en los andenes y golpearon de forma aleatoria a los allí presentes, entre los que había numerosos viajeros, y quizás algunos manifestantes.



La crónica de estos hechos finaliza aquí, cuando los agentes coaccionaron a dos periodistas y a un fotógrafo aficionado y les obligaron a identificarse, golpeando a uno de ellos y dañando el equipo de un segundo. Después de negarse a proporcionarles su identificación, la policía procedió a abandonar el andén (no sin antes arrastrar por las escaleras mecánicas ascendentes durante algunos segundos  a uno de los jóvenes, que les exigía que se acreditasen) para pasar al nivel superior, donde  identificaron al menos a otros dos informadores.

Según fuentes oficiales, la jornada se saldó con 64 heridos y 35 detenciones.




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