La ruta hacia el Dorado

María Canelas Guerrero.

27 de Septiembre

Hacia el año 1500 comenzó la que sería una de las historias más conocidas, la leyenda de El Dorado. Grandes expediciones partieron desde todos los puntos cardinales, buscando ese maravillosos lugar que según decían estaba construido en oro. 


Era tal la cantidad de este metal precioso que las gentes que poblaban aquel lugar lo consideraban como una simple piedra; no gozaba de un valor mayor.


La codicia se apoderó por igual de reyes y sirvientes: las misiones de búsqueda se anunciaban como grandes empresas, y los componentes de las expediciones gozaban de la admiración del pueblo, la bendición del religioso y el apoyo económico del noble.

Hoy son otros los que buscan. Los barcos, ya no surcan los mares desde el Viejo Continente, ya no hay reconocimiento, ni bombo ni platillo pero el deseo de ser el más rico de los ricos sigue obsesionando a los hombres igual que hace 500 años. Y como hace 500 años, los indígenas del Amazonas siguen pagando las facturas de este enriquecimiento.


Hace algunos días, llegó a los medios españoles la noticia de que había tenido lugar una brutal matanza de indígenas a manos de los garimpeiros (buscadores ilegales de oro).


Los supuestos hechos tuvieron lugar el 5 de julio, cuando un grupo de estos buscadores ilegales atacaron una comunidad Yanomami con un helicóptero, armas de fuego y explosivos, reduciendo a cenizas la choza comunal (shabono) y a todos los que allí se encontraban.


La organización civil Horonami fue la encargada de denunciar lo ocurrido el día 26 de julio: al parecer, y según la versión de los indígenas, los altercados empezaron unos días antes, cuando un grupo de garimpeiros secuestraron a una mujer de la tribu, que posteriormente fue rescatada por los propios yanomanis.


Entonces, los buscadores ilegales de oro decidieron armarse y atacar unos pocos días después. El diputado opositor Andrés Avelino Álvarez de la Comisión de Pueblos Indígenas aseguró que sólo tres integrantes de la comunidad se salvaron de esta masacre, ya que habían salido a cazar.


La organización no gubernamental Survival Internacional (www.survival.es) con sede en Londres, que lucha por los derechos de los distintos pueblos indígenas desde hace 40 años, se hizo eco de la denuncia y así lo reflejó en su página web. Incluso se puso en contacto con un yanomani que en teoría había contactado con los tres supervivientes de la masacre.


Finalmente, el 31 de agosto, Nicia Maldonado, ministra de los pueblos indígenas de Venezuela, anunció que una comisión multidisciplinaria fue enviada al lugar donde, supuestamente, se había producido la matanza de hasta 80 indígenas de la etnia yanomani, en el Amazonas.


La comisión, integrada por representantes del ministerio público, la policía científica y el ejército, no encontró evidencias de ninguna muerte o de chozas comunales (shabono) incendiadas. Así lo declaró la propia ministra en una entrevista telefónica al canal estatal de televisión TVT.








Pensamiento Crítico ha contactado con Survival Internacional, que nos ha proporcionado información sobre los Yanomanis, y con la embajada de Venezuela en España, obteniendo distintas informaciones que desmienten la noticia.


Según datos de Survival International, de la etnia indígena de los Yanomanis apenas quedan unos 32.000 individuos que viven en la selva del Amazonas, repartidos entre Brasil y Venezuela, siendo este último país el que alberga a la mayor parte de la población.


Divididos en cuatro grandes grupos, que hablan lenguas provenientes de la misma familia: Yanomae, Yanõmami, Sanima y Ninam. Viven en comunidades de 40 a 400 personas y comparten un espacio común: el shabono, una gran choza comunal, generalmente de forma circular y abierta al cielo en su centro.


Las familias acostumbran a reunirse alrededor de un fuego, donde los conocimientos y costumbres son trasmitidos de padres a hijos, y cuando cae la noche, cuelgan sus hamacas junto a él, para mantenerse calientes.


Son tribus que han mantenido su medio de vida tradicional durante siglos: se dedican a la agricultura, la pesca y la caza. Utilizan el timbó, una planta que cuando añade al agua logra adormecer a los peces, facilitándoles la pesca, para la que emplean cestas de mimbre.


Las puntas de sus flechas están untadas con un veneno, el curare, que les permite cazar a los animales más escurridizos, como puedan ser los monos. Un cazador nunca come la carne que él mismo consigue, sino que la reparte entre su gente. Las decisiones se toman de manera asamblearia, y cualquiera puede participar en estas reuniones.



Los chamanes tienen un papel muy importante dentro de la comunidad, pues son los únicos que pueden ver los espíritus que les rodean. Estas presencias, denominadas xapiripës, están en todas partes y se presentan de muy diversas formas, colores y tamaños. Cuando algún yanomani enferma, es porque tiene un xapiripë dentro y tiene que ser expulsado por el chamán.



Pero quizás, uno de los ritos que más pueda llama nuestra atención como occidentales sea el rito funerario. Cuando alguien muere es incinerado, y sus restos son molidos y posteriormente engullidos por sus familiares y amigos.



Mientras, las mujeres se tiñen las mejillas de negro y lamentan la muerte. Si el ritual no sale bien, o los restos no se calcinan correctamente, es que esa persona hizo algo malo en vida. Durante la noche los jóvenes de ambos sexos entonan cánticos y se celebra una cacería en honor del difunto; es un gran acto social, pues es el momento en que otras tribus yanomanis se unen y disfrutan de un gran banquete.



El pudor es algo totalmente desconocido para ellos, pues suelen ir desnudos, adornando su cuerpo con brazaletes y pendientes que se hacen ellos mismos con plumas de aves, plantas e hilos de algodón. ¿Quién necesitaría algo más de ropa en un lugar donde el calor y la humedad son sofocantes? 


Grupo de indígenas yanomami en la selva.  © Fiona Watson / Survival


La selva les da todo, y viven en armonía con ella. Por lo tanto, ¿Por qué deberían sufrir el ataque de los garimpeiros? Pues por un motivo tan simple como vergonzante para todo aquel que sienta un mínimo aprecio por la vida y la dignidad humana: tener la mala suerte de vivir encima del ansiado tesoro. 



Los garimpeiros se aprovechan del difícil acceso a la zona, (con la complejidad que esto implica para su control) para campar a sus anchas: talan árboles, destrozan el terreno con sus excavaciones y envenenan el agua de los ríos con el mercurio de sus explotaciones.



Y por supuesto, si una población de yanomanis les estorba a la hora de alcanzar sus objetivos, la expulsan por la fuerza si lo consideran necesario. Como ya denunció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en 1993, 16 yanomanis fueron asesinados en el Amazonas, y desde 2009 los ataques a esta etnia no han dejado de sucederse, mientras que la contaminación de los ríos por el mercurio ha provocado intoxicaciones de tribus enteras.



Por este motivo, y pese al desmentido de la noticia por parte del gobierno venezolano, son muchas las voces que dudan de que se pueda ser tan tajante a la hora de descartar este incidente. Además, despierta muchas dudas que en tan poco tiempo la comisión creada para investigar el caso haya podido afirmar categóricamente que no hay indicios de violencia por ninguna parte. 



Muchos creen que no se ha investigado lo suficiente como para aclarar los hechos, entre ellos la organización Survival International que, pese a haberse retractado de las informaciones publicadas en su web, informando sobre esta presunta matanza, lo ha hecho con matices. 



En un documento PDF su propio presidente, Stephen Corry, ha querido quedar claro que no creen que se hayan hecho los esfuerzos suficientes para conocer la verdad, y que sí es posible que se haya producido algún tipo de ataque, pero que no ha sido correctamente explicado por los indígenas.
http://www.survival.es/noticias/8668



Por otro lado, hay quien sugiere que determinados poderes políticos han intentar usar a los Yanomanis contra el Gobierno, e incluso se habla de un plan ideado por la derecha. No olvidemos que el próximo 7 de octubre, tendrá lugar las elecciones en las que el pueblo venezolano votará al próximo presidente del país. 


Venezuela se juega mucho en estas elecciones, y parece ser que los yanomanis, sin quererlo ni saberlo, han entrado de lleno en esta campaña política. ¿Sacarán algún beneficio de todo esto? ¿O una vez que todo acabe volverán a ser condenados al olvido? Por ahora, sólo han logrado verse rodeados de cámaras de televisión y de desconocidos que no dejan de hacerles preguntas: organismos y personalidades discutiendo sobre si es verdad o no que se ha producido la matanza de 80 personas.


Y al fondo, oculto tras el humo, el problema real: los garimpeiros. Están ahí, acabando con la vida de la selva, y por lo tanto, matándolos a ellos. Como bien recuerda Stephen Corry, ya se han producido hechos similares en el pasado.


Si esta vez no hubo crimen, sólo será cuestión de tiempo y falta de previsión, interés o como quieran llamarlo, para que ocurra, sin que nadie ponga medidas para remediarlo.


El Dorado se ha convertido en un lodazal de mercurio y sangre, pero la buena noticia es que, después de 500 años, al fin sí se ha encontrado el oro.



Mineros ilegales trabajando ilegalmente en tierritorio yanomami. © Survival

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