El verdadero avance de la extrema derecha europea


Alejandro López de Miguel y María Canelas Guerrero

11 de Octubre de 2012




Últimamente el paisaje de algunas ciudades está sufriendo algunos cambios. Al principio solo eran visibles para un observador detallista, pero hoy resultan mucho más claros. De hecho, es bastante común ver pintadas y pegatinas con lemas llamando a la  unidad del pueblo y a la defensa de sus derechos. Otras,  incluyen mensajes para los inmigrantes, y no están precisamente cargados de buenas intenciones.

Los medios de comunicación generalistas también han dado la voz de alarma, y es que desde hace un tiempo los telediarios y periódicos se están llenando de noticias que pueden  calificarse como preocupantes.

La líder del Frente Nacional Francés, Marine Le Pen, se ha definido como antieuropeísta y contraria a la inmigración y la islamización de Europa. Con este discurso, la hija del fundador del partido de ultraderecha ha logrado el 18%  de los votos en la primera vuelta de las elecciones francesas: el mejor resultado de toda su historia.

En Noruega, el Partido del Progreso de Siv llegó a alcanzar el 23% de los votos en 2009. Su fuerte ascenso ha sido frenado tras la masacre perpetrada por Anders Behring, en la que murieron 69 personas. Según los últimos sondeos de intención de voto hoy lograría el apoyo del 11,4% de los ciudadanos.

El partido de extrema derecha suizo, el llamado Partido Popular, ha pasado de ser un grupo político pequeño a convertirse en la primera fuerza política del país gracias a su campaña contra la inmigración y la Unión Europea.

Pero quizás el caso más llamativo sea Amanecer Dorado. Este partido griego ha estado envuelto en varios escándalos, algunos de ellos salpicados por actos violentos. Sin ir más lejos, su portavoz, Ilias Kasidiaris, lanzó un vaso de agua a la cara de una  representante política de izquierdas y abofeteó a otra en un plató de televisión durante un programa en directo.

Parece que las propias fuerzas de seguridad helenas tienen una cierta relación con este grupo: han salido a la luz algunos documentos en los que se especifica el material suministrado a Amanecer Dorado por parte de la policía, como puedan ser equipos walkie-talkies, e incluso han podido retrasar la detención de un miembro de la organización  que se encontraba en búsqueda y captura acusado de cometer un intento de homicidio.

Por otro lado, Amanecer Dorado se ha dedicado a organizar grupos de vigilancia contra inmigrantes y entregas de alimentos y campañas de donaciones de sangre. Eso sí, única y exclusivamente para griegos.

En las pasadas elecciones de 2012 consiguieron casi el 7% de los votos y según las últimas encuestas hoy podrían lograr el apoyo de cerca del 8,5% de los ciudadanos.

Si estudiamos los datos de las dos últimas elecciones en distintos países, podemos observar que los partidos de extrema derecha presentan una cierta tendencia general al alza, y son muchas las voces que ya advierten de la llegada de una ola de extremismo ideológico que podría propagarse a lo largo y ancho de todo el Viejo Continente.

País
Partido
Votos
Países Bajos
Lista Pym Fortuin y Partido por la Libertad (PVV)
6% (2006) 15% (2010, PVV)
Austria
Partido Liberal Austriaco
11%(2006) 17% (2008)
Bélgica
Bloque Flamenco Belga
12% (2007) 8% (2010, Vlaans Belang)
Dinamarca
Partido Popular Danés
14% (2007) 12% (2011)
Noruega
Partido del Progreso Noruego
22% (2005) 23%(2009)
Suecia
Demócratas de Suecia
3% (2010) 6% (2010)
Finlandia
Auténticos Finlandeses
4% (2007) 19% (2011)
Francia
Frente Nacional
10% (2007) 18% (2012)
Gran Bretaña
Partido Nacional Británico
0,7% (2005) 2% (2010)
Suiza
Partido del Pueblo Suizo
29% (2007) 27% (2011)
Tabla con porcentajes de votos elaborado por el Real Instituto Elcano incluida en el informe “El ascenso de la derecha populista radical en Europa: alarmas y alarmismos” de Carmen González Enríquez.

Para intentar aclarar un poco este asunto, hemos entrevistado a Pedro Luís Lorenzo Cadarso, profesor de Historia de las Ideas y los Movimientos Sociales en la Universidad de Extremadura.
Natural de Logroño, su tesis doctoral trata sobre la política y los medios sociales y ha escrito varios libros como “Rodrigo Fuenmayor, un arbitrista del siglo XVII” o “La Rioja en el debate sobre la conquista: Fray Juan Ramírez, un crítico del colonialismo”.

-¿Cuáles son los requisitos fundamentales para que un partido pueda ser considerado de ultraderecha?

 Los partidos de ultraderecha han existido desde que existe el debate político en el liberalismo, y en cada época han defendido ideas en cierto modo distintas.  En el momento actual, los partidos de extrema derecha en  Europa suelen tener dos signos identitarios claros: la xenofobia, el deseo de limitar o incluso expulsar a una parte o a todos los inmigrantes, y las ideas antieuropeístas, especialmente en la Europa central y del norte.  Esto los vincula con una tradición de la extrema derecha como ha sido el nacionalismo,  con el que en la práctica ha estado siempre estrechamente vinculado, aunque a primera vista no lo parezca.

-¿Qué diferencia hay entre las ideologías de ultraderecha y las denominadas neonazis? ¿Se puede decir que son lo mismo?

No tienen porqué ser lo mismo. En determinadas circunstancias pueden confluir, pero normalmente no lo hacen. Comparten algunas ideas, pero el neofascismo es una recuperación de los viejos ideales del fascismo: el antiliberalismo, la supresión de los partidos políticos, las elecciones o los parlamentos para instaurar un sistema dictatorial.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los partidos de extrema derecha, especialmente los que han tenido éxito electoral, como el Frente Nacional Francés, se consideran partidos demócratas, puesto que defienden el orden constitucional. En la mayoría de los casos, el fascismo en Europa en estos momentos está vinculado a grupos antisistema, a tribus urbanas y a cédulas ínfimas.

-¿Por qué surgen estos movimientos? ¿Cuál es el motivo para que en algunos países sí se desarrollen y en otros no?

El desencadenante más importante es la inmigración. Hay una correlación directa entre el éxito de la extrema derecha y lugares con mayor presión migratoria. A nivel general, también sucede que desde hace 40 años ha habido una desafección de la sociedad hacia los políticos tradicionales.  Esto, que  a finales de los años 60 era una cuestión juvenil y de minorías de radicales, ha ido avanzando cada vez más y especialmente en momentos de crisis económica. El antipoliticismo puede ser fácilmente explotado por estos grupos,  porque se presentan como alternativa a una política tradicional corrupta, a unos partidos políticos que no han defendido la patria de las masas de inmigrantes o de las exigencias de la UE. Ese discurso, que es muy simplón y emotivo, en determinadas circunstancias puede tener éxito.

-¿Es posible afirmar que los discursos de extrema derecha tienen una audiencia cada vez mayor?

Sí, y es lo que hace que en determinadas circunstancias estos partidos obtengan buenos resultados. Sin embargo, su discurso está basado en sentimientos, y un sentimiento es algo muy volátil.

Si te fijas la historia electoral de estos partidos, sigue la forma de los dientes de sierra: son irregulares. En unas elecciones obtienen el 20% y en las siguientes el 4%. A mi juicio, ello indica que estos partidos explotan el malestar social, pero en realidad la sociedad europea no desea ningún experimento radical. En el momento en que la economía vaya mejor, creo que estos partidos volverán a tener un 4% de los votos.

-¿Cuál es el perfil del militante de uno de estos grupos políticos?

Es complicado decirlo, porque estamos hablando de un porcentaje de población ínfimo. Un joven de clase obrera (baja) que vive en el extrarradio de una gran ciudad, con un bajo nivel de estudios y que está en el paro podría serlo. En nuestro país apenas hay una decena de partidos de extrema derecha, y entre todos no han superado el 1% de los votos; son tan pocos que se escapan de las estadísticas. 

- Algunos de sus lemas podrían pasar perfectamente por consignas de la izquierda, y sólo se distinguen por el logo o por otros pequeños detalles.

La extrema derecha y extrema izquierda coinciden en algunas cosas: ambas consideran que la democracia parlamentaria es un fraude, que hay que organizar las cosas de otra manera, que hay que terminar con los partidos políticos y con los representantes políticos profesionales.  En ese sentido son iguales, aunque lo que quieren hacer después, una vez destruido el actual sistema, sean cosas distintas. Pero en las formas, a veces se parecen mucho.

-¿Qué movimientos preocupan más a Europa: los radicalismos de izquierda o los de derecha?

Según las encuestas de posicionamiento ideológico, está socialmente más extendida la extrema izquierda que la extrema derecha, que apenas es apoyada por el 2 o el 3% de la población. La extrema izquierda tiene el doble de apoyo aproximadamente, y estos porcentajes tienden a repetirse en el resto de Europa.

-¿Es posible que los partidos de ultraderecha se unan para llegar a un mayor número de personas?

En un primer momento, toda la extrema derecha se intentó articular en torno a la defensa del franquismo. Obtuvo los mejores resultados de su historia,  e incluso llegó a tener un diputado por Madrid, Blas Piñar, con un 2,5% de los votos en toda España. Pero esa articulación en torno al franquismo no vendía.

Para tener éxito tendrían que articular su discurso del mismo modo en que lo han hecho en Europa: fundamentalmente, en torno a la inmigración, a la independencia en el caso de Cataluña y al centralismo en el resto de España.

-¿Existe la posibilidad de que en nuestro país se llegasen a unir esos partidos?

Creo que estamos en una situación de riesgo. Ya en las últimas elecciones catalanas hubo una formación de este tipo que estuvo a punto de entrar en el Parlamento. En cualquier caso, me preocupa más la demagogia populista, no sólo a corto, sino a medio y largo plazo.

Los populistas no hacen las cosas porque sean necesarias o razonables; ofrecen discursos “ridículos” pero logran llegar a una parte importante de la audiencia. Un ejemplo en la Europa de hoy podría ser Berlusconi, y en América tipos como Chávez o Fujimori; gente que se aparta del concepto tradicional del político, que pretende acabar con la corrupción, que viene a “reformar la democracia”, a instaurar  una “auténtica” democracia.

-¿Qué suele ocurrir cuando un partido populista llega al poder?

En la mayoría de los casos esta gente dura poco, pero hay circunstancias que pueden hacerles permanecer en el poder. Como ejemplo, el caso de Venezuela, que es uno de los grandes productores de petróleo: estas riquezas permiten financiar proyectos, abrir comedores, etc. Chávez sabe cuales son sus bases sociales, los pobres del país, pero la realidad es que los pobres lo que necesitan no es caridad, sino progreso: fábricas, educación y un futuro económico.

Otro de los factores que explican que puedan perpetuarse en el poder es que muchos de ellos destruyen la democracia, como sucedió cuando Chávez hizo que sus partidarios asaltaran el parlamento, tal y como hizo Hitler.
La Cámara tuvo que autodisolverse; se creó otra que aprobó las reformas que quería el presidente, que había sido elegido democráticamente con el 60% de los votos. Sin embargo, todos sabemos que la democracia no es que la mayoría haga lo que quiera, sino que los derechos de cada persona estén salvaguardados.


-Aunque la extrema derecha acepte el marco constitucional, ¿con el tiempo puede llegar a convertirse en un problema?

Hay países con constituciones que directamente prohíben determinados tipos de partido. En Alemania no se puede fundar un partido comunista o uno nazi, en España se ilegalizó Herri Batasuna. Eso nos salva, quizás, de los grupos neonazis más radicales, pero no de lo que llamaríamos una extrema derecha civilizada. No nos salva de Le Pen o de grupos de estas características, porque esta gente acepta la constitución.

Poner en marcha sus proyectos, como que Francia sea francesa y no mora ni negra, implicaría que Francia dejase de ser un estado de derecho, porque se está hablando de ciudadanos franceses, los hijos de los inmigrantes. ¿Van a dejar de ser ciudadanos? Eso no podría hacerse sin cambiar el régimen constitucional. Habría problemas sociales y conflictos, se rompería la Unión Europea. Todos los países entraríamos en una deriva que históricamente siempre nos ha llevado al mismo sitio: la guerra.

Pese a que el aumento de popularidad de estos partidos pueda parecer alarmante, hay quienes afirman que esta evolución es “normal”, que en momentos de inestabilidad estas fuerzas políticas consiguen tener mayor éxito, mientras que en tiempos de menor conflictividad quedan reducidos a porcentajes de votos casi despreciables. Según apunta el informe del Real Instituto Elcano mencionado anteriormente, y a pesar de que muchos opinan y argumentan lo contrario, (en ocasiones, en pro del sensacionalismo) un análisis más detallado de la progresión de estos grupos políticos nos muestra que el fenómeno del auge de la ultraderecha no es generalizado, exponencial ni uniforme.

Son otros movimientos como los populistas, según indica el profesor Lorenzo Cadarso, los que deberían ser vigilados con mayor preocupación: “El peligro hoy en día es que las instituciones democráticas dejen de inspirar confianza y llegue un Fujimori o un Chávez diciendo que hay que refundar España.”



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