El despertar de Portugal

Alejandro López de Miguel

27 de Noviembre de 2012

“Angela Merkel representa hoy la austeridad y el autoritarismo en Europa. Del mismo modo en que ya ha ido a Grecia y a España, hoy visita Portugal, y nosotros queremos decir  no. No queremos esas políticas que están destruyendo nuestras vidas, queremos echarla, a ella y a nuestro gobierno, que sigue las políticas de la troika, y por tanto de la propia Merkel.”

Nuno R. de Almeida, miembro del movimiento Que se lixe a Troika (que se joda la troika).

“Ella no tiene nada que hacer aquí, ya es suficiente lo que hace en Alemania y las decisiones que toma con respecto a Portugal. Ella viene aquí a generar gastos, pero no tiene nada que hacer en Portugal”. 

Antonio Santos, jubilado.

Manifestación del 12 de noviembre en Lisboa

Lunes 12 de noviembre. Nuno Ramos de Almeida y Antonio Santos son algunos de los ciudadanos portugueses concentrados en la plaza Largo do Calvario (junto al puente 25 de Abril) para protestar por la visita de Angela Merkel al país luso, y por los nuevos recortes del Ejecutivo portugués.  Esta acción reivindicativa, que espera llegar hasta el Palacio de Belem, hogar del presidente de la República (Aníbal Cavaco da Silva) tiene lugar bajo la atenta mirada de una docena de medios  nacionales, al mismo tiempo  que se desarrolla otra manifestación en la plaza Luis de Camoes, convocada por los principales sindicatos portugueses.

“La concentración de hoy ha sido convocada por los movimientos sociales, y está secundada en su mayoría por las personas que participaron en la gran manifestación del 15 de septiembre” explica Ramos de Almeida. Solo dos días antes, el sábado 10 de noviembre, los militares portugueses también salieron a la calle para protestar por los recortes del Gobierno a este colectivo.



El rescate de 78.000 millones de euros que la Unión Europea concedió al país vecino (cuando aún gobernaba el Partido Socialista) no ha bastado, de momento, para compensar las dificultades económicas  que atraviesa esta nación. Con una tasa de paro que ya ronda el 16% (y que sobrepasa el 30% en el caso de los jóvenes), las previsiones de crecimiento portugués para el próximo año 2013 han pasado del 0,3% al -1,6%, lo que significa que su economía continuará decreciendo.

La troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) ha flexibilizado el objetivo de déficit, que ha pasado del 4,5% al 5% para este año, pero para muchos esta cifra resulta inalcanzable; y todo, a pesar de que el Ejecutivo de Pedro Passos Coelho sigue a rajatabla y sin escatimar en esfuerzos  las directrices que marca Bruselas, con las consecuencias que esto supone para los habitantes de este país.

Si el anterior presidente socialista, José Sócrates, ya había subido el IVA del 21 al 23%, rebajado los sueldos de los funcionarios entre un 3,5 y un 10%, congelado las pensiones (recortando las más altas) y había disminuido partidas como la dedicada al sistema sanitario, además de negar la necesidad de un rescate hasta el último momento (cuando la necesidad golpeó de lleno al Gobierno), las políticas de Passos Coelho han profundizado aún más en lo que una parte importante de los ciudadanos considera un recorte del llamado “estado del bienestar”.

La supresión de las dos pagas extra de los funcionarios (y la congelación de su sueldo), el recorte de la indemnización por despido a 20 días por año trabajado,  la subida del IVA del gas natural y la electricidad (del 5 al 23%) o la posible supresión de 44.000 puestos de trabajo y un nuevo aumento de la carga fiscal (según los presupuestos para 2013, aprobados el 27 de noviembre) han sido algunas de las medidas adoptadas por el Gobierno, que , lejos de reducir las dificultades económicas y sociales por las que pasa este país, han aumentado aún más la brecha entre ricos y pobres.

Más medidas de recorte...

A día de hoy, el sueldo mínimo en Portugal es de apenas 485 euros (sería de 565 si no se hubiesen eliminado  dos pagas extra). Con la prima de riesgo rondando los 670 puntos básicos,  pero con el visto bueno de las autoridades europeas, el Gobierno del PSD (en coalición con el Centro Democrático Social-Partido Popular) ha perdido el favor de un porcentaje importante de los ciudadanos, que sienten que el primer ministro les ha arrebatado su soberanía para entregársela a las instituciones europeas.

“Ni el Gobierno ni el primer ministro sirven, es una realidad. Por eso tienen que irse, porque ellos no funcionan. El primer ministro  quiere dar una imagen de individuo inteligente, pero realmente no es nada de eso. Están actuando bajo el mando de Bruselas, y nosotros estamos perdiendo nuestra independencia”.

El discurso apasionado de Antonio Santos es compartido por miles de ciudadanos portugueses; las manifestaciones del pasado 15 de septiembre concentraron, según fuentes policiales, al mayor número de portugueses en una acción reivindicativa desde la Revolución de los Claveles (1974). Sólo en Lisboa, entre 100.000 y 500.000 personas tomaron las calles para protestar contra las medidas de austeridad propuestas por el Gobierno apenas una semana antes, que incluían el aumento de la cotización de la seguridad social de los trabajadores, pero rebajaban el de las empresas.

Manifestación del 12 de noviembre en Lisboa

Las multitudinarias manifestaciones celebradas también en el resto de ciudades portuguesas el 15 de septiembre provocaron que el día 22 de ese mismo mes, el primer ministro  Passos Coelho desistiese en implantar estas últimas medidas, a pesar de que un par de días antes había anunciado una subida de impuestos al capital y a los bienes de lujo, que no sirvió para calmar los ánimos de los ciudadanos.

“Creo que las protestas comienzan a influenciar al gobierno, aunque el primer ministro finja no saber lo que pasa en la calle”, afirma Francisco Carballo, otro de los asistentes a la protesta del 12 de noviembre: “no me interesa tanto la visita de Merkel, sino la construcción de un movimiento social que ya está en marcha, y su consolidación en la calle”, apunta.

La huelga general secundada por varios países europeos celebrada el 14 de noviembre (que muchos de los manifestantes aseguran fue impulsada por los sindicatos lusos) sirvió como escaparate para reflejar esta difícil realidad, a pesar del seguimiento irregular que los medios atribuyen a los trabajadores portugueses.

Pero, ¿qué es exactamente lo que piden los movimientos sociales responsables de la convocatoria de algunas de estas jornadas de protesta, como la del 15 de septiembre?.

En palabras de Ramos de Almeida: “El colectivo piensa que el problema no es solo del actual Gobierno, sino también del gobierno de la troika. Pedimos tres  cosas: que termine la era de dominio de la troika, que dimita el Gobierno y que haya elecciones, porque la gente no ha sido consultada, no ha habido un referéndum sobre la pérdida de soberanía, sobre la desigual distribución de la crisis y los impuestos. El actual gobernante fue elegido diciendo que no habría ninguna subida de impuestos, y lo primero que ha hecho ha sido subirlos. También dijo que el programa del Gobierno lo decidiría el Parlamento, pero lo primero que hizo fue viajar a Bruselas, negociar con la Troika y aprobar los recortes en Bruselas, para después volver con estas medidas ya aprobadas a Portugal: es la pérdida de soberanía, de derechos sociales… El problema de la troika es que estos cambios no han sido sometidos al sufragio, no han sido legitimados”.

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“No es tanto una cuestión de cambiar una medida concreta. Es necesario cambiar el sistema de organización del poder, de la economía, y no es cuestión de una medida en particular” señala Carballo.

Por otra parte, ninguno de los manifestantes entrevistados sugiere un candidato alternativo, una formación política capaz de ponerse al timón y enderezar el rumbo del maltrecho sistema económico y social portugués.

Las duras medidas adoptadas por el anterior Gobierno y su rechazo a asumir la necesidad de solicitar el mencionado rescate (dividido en varios tramos) contribuyeron a que después de las elecciones el PSD y el CDS-PP se hiciesen con el control de 132 de los 230 diputados de la cámara, una mayoría que permite al Ejecutivo aprobar las distintas medidas a pesar del rechazo del resto de grupos parlamentarios, como ha ocurrido con los Presupuestos Generales del Estado para 2013.

La sensación de indiferencia ante la difícil situación social que muchos ciudadanos atribuyen a la clase política, reforzada por declaraciones como las del presidente Aníbal Cavaco da Silva, que afirmó en el mes de enero que su pensión, estimada en 10.000 euros “apenas le llegaba para “cubrir los gastos” después de los últimos recortes del Gobierno, (pero que no cobra un sueldo por su función política, todo hay que decirlo) y el rechazo a las políticas de austeridad, que a día de hoy conllevan la destrucción de puestos de trabajo, son factores que han influido seriamente en la formación de una grieta entre los portugueses y sus gobernantes.

¿Qué medidas se pueden adoptar para paliar los efectos de esta crisis? La estudiante de ciencias políticas y miembro del Bloque Esquerda Isabel Pires, sugiere “anular parte de la deuda”,  mientras que Santos se muestra mucho más tajante: “La solución para Portugal es que este Gobierno dimita. Ya ha demostrado que va por esta dirección, hay miles de personas que pasan hambre, que se quedan sin empleo y pierden sus casas, y no hay una medida para resolver el problema de esta gente”.

Después de observar con atención la situación de Portugal, no parecen infundados los temores de quienes han llamado la atención sobre la semejanza entre la situación del país vecino y la que en España estamos viviendo a día de hoy; sube la carga fiscal, se eleva la tasa de parados, los jóvenes emigran y los dirigentes (de izquierdas y derechas) niegan, a pesar de la evidencia, la necesidad de solicitar rescates económicos a las autoridades europeas, ayudas que necesariamente  implican una cierta pérdida de soberanía.

Sin embargo, son muchos los españoles que no están debidamente informados sobre la realidad del país luso, que no tienen en cuenta  la sabiduría que alberga el refranero popular: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar…”

La situación del pueblo portugués, que ha demostrado ser capaz de reaccionar ante las duras políticas de sus gobernantes, es muy complicada, y quizás deba ser tenida en cuenta; en parte, por solidaridad, pero también porque puede ser un presagio de lo que nos espera a los ciudadanos españoles.



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