La Fábrica de los Sueños no puede dormir

Extremadura


Carmen Reja Guisado

22 de  Noviembre de 2012


El pasado martes 13 de noviembre se proyectó en las míticas salas  del Centro de Ocio Contemporáneo de Badajoz (más conocido como COC), Adiós a la reina, del director francés Benoît Jacquot, dentro del Festival Gay Lésbico que se celebra todos los años en esta ciudad, y puede decirse que el aforo estaba completo.

El filme en cuestión no hace apología del espectáculo del píxel, ni cuenta con grandes efectos especiales. La trama se visualiza en versión original subtitulada que, para más inri, puede resultar de difícil digestión para los espectadores más perezosos. Aún así, las múltiples cabezas que se atisbaban atentas a la gran pantalla durante la proyección, hacían resurgir la magia del cine, de la que eran partícipes.

Ricardo Utrera Fernández
Ricardo Utrera Fernández, propietario del COC, supo que esa magia no había desaparecido cuando decidió presentarse a una subasta pública, en el año 2005, que lo convertiría en el regente de los antiguos Multicines Avenida, los primeros cines de la capital pacense que, un año antes, habían visto cerrar sus puertas tras pasar por varias dificultades económicas.


No es de extrañar que Ricardo viese algo “grande”, como él mismo describe, en este local de propiedad municipal; “grande” no en el sentido de negocio, pero “sí en cuanto a proyecto cultural”, explica.

Esta visión cultural proviene de una larga experiencia en la gestión de eventos relacionados con la tecnología, el ocio, licencias libres y hostelería que Utrera Fernández ha adquirido con los años, a través  de la creación y explotación de locales de copas y cafés concierto tales como Alquibla (1995), Mercantil (1997) o Metropol (2001).

De los entrañables Multicines Avenida perduran tres salas: una dedicada a la danza, otra para conciertos y una última sala de cine; además de  los camerinos, la sala de proyección, los almacenes y un pequeño bar. Toda la reforma del inmueble se ha financiado con el patrimonio de su actual propietario, llegando a alcanzar en la actualidad un importe de 500.000 euros, incluyendo bienes y equipos.

Hoy en día, el Centro de Ocio Contemporáneo no percibe ayuda directa para mantener sus instalaciones, afirma Utrera, aunque en el pasado, y a través de convocatorias de distintas administraciones, sí han conseguido desarrollar algunos proyectos, después de competir con otras iniciativas.

El centro comenzó su andadura el 12 de Mayo de 2006, hace más de seis años. A día de hoy, como nos comenta Ricardo, “es un privilegio crear, dotar y dar sentido a un espacio cultural y multifuncional en la ciudad en la que vivo”.

Según apunta el empresario, lo que más le satisface es dar cabida a nuevos creadores, además de permitir la realización de actividades infantiles. El COC sirve de trampolín para los que buscan su primera oportunidad en campos como el cine, el teatro, el cabaret, etc.


Sin embargo, la medida del actual Gobierno de aumentar en 13 puntos el tipo de interés del IVA, situando a España por delante de países como Alemania o Francia, que soportan un tributo del 7%, ha lastimado severamente al sector cinematográfico de nuestro país, que está viendo como sus salas echan el cierre, y son muchas ya las voces que vaticinan tragedias como la pérdida de más de 3.500 puestos de trabajo, como apuntan los datos arrojados por el estudio de la firma Pricewaterhouse, solicitado por exhibidores y distribuidores del mundo del celuloide.

Centro de Ocio Contemporáneo
Cedida/COC
Utrera Fernández sugiere que esta medida podría ser la “puntilla” para una parte del sector, el cine de palomitas. “Actualmente el cine es muy caro, el precio de las entradas con la crisis que estamos atravesando es prohibitivo para muchas personas. No solo es la entrada, es el refresco, las palomitas…Y, los cines comerciales obtienen parte de sus beneficios a través de la venta de estos productos. Nosotros no permitimos comer en nuestras salas”, concluye.
Uno de los aspectos que más preocupan al sector cultural tras esta subida del IVA es la dificultad para la adquisición de títulos independientes, ya que, tras el cierre de espacios destinados a proyecciones, habrá menor cabida para este tipo de cine. “Es complicado que sin un apoyo directo o indirecto de las instituciones puedan sobrevivir salas especializadas en cine de autor y en versión original”, afirma Utrera. En este tipo de salas, la distribuidora cobra los derechos de exhibición por día, y son muy altos. En el COC, el precio de la entrada es muy asequible: 1 euro para la Filmoteca y 2 euros para acceder al Cine Club.

Muchos de nosotros hemos presenciado como un cine de barrio (ocurre sobre todo en pequeñas localidades) ha sido tristemente convertido en tienda de moda, o invadido con carteles que más que informar parecían tener el deber de hacer desaparecer todo el rastro que pudiera haber dejado esa sala. Ante esta debacle, Utrera Fernández afirma que “tenemos que convencernos y exigir a nuestras administraciones que valoren la cultura como algo tan necesario como la educación o la sanidad. Es de lo poco que nos diferencia de los animales en la situación que estamos viviendo. Son momentos delicados a nivel político, social y económico. Sin cultura corremos el riesgo de embrutecernos, de ser más insolidarios y peores personas”, asegura.

Para eludir esta deforestación cultural, Fernández apuesta por una triple respuesta: la de las instituciones apoyando a las industrias culturales, la de los emprendedores luchando por este tipo de proyectos, y por otro lado, la de los ciudadanos como consumidores y agentes de estas iniciativas.

Si en algo se equivocaba Aniceto Portas Vivas, antiguo propietario de los ya desaparecidos Multicines Avenida, fue en lamentarse que en la capital pacense no había calado la cultura del cine alternativo, afirmando que los espectadores buscaban “sota, caballo y rey” a la hora de consumir.

La Fábrica de Sueños esta herida de muerte. Muchos intentan darle puntos de sutura a esta herida, aplicando   alternativas para acercar a los espectadores a las salas de cine, como el familiar 2x1 en el precio de las entradas, o simplemente abaratando el precio de las mismas en el horario de tarde.

Son muchas las voces que aseguran que debemos continuar viviendo los sueños que surgen de las pantallas de proyecciones, y que claman para que no dejemos que esta fábrica cese en su empeño de ser fiel reflejo de nuestra sociedad, o de transportarnos a mundos lejanos llenos de magia. Hay que ir al cine, conectar con las historias que nos cuenta, ver lo que no ven los demás; porque la Fábrica de Sueños no puede (ni debe) dormir.



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