Respeto, por favor


08 de Noviembre de 2012

Según las últimas investigaciones en relación a la tragedia acontecida en el estadio Madrid Arena la madrugada del pasado 31 de octubre, la avalancha que causó la muerte de cuatro chicas (una de ellas menor de edad) no se debió al lanzamiento de una bengala, sino a que se había superado con creces el máximo aforo permitido.

A pesar de que la empresa organizadora del evento, Diviertt, declaró en las horas posteriores a la catástrofe que el número de personas asistentes a la fiesta Thriller Music Park no superó en ningún momento el acordado con el Consistorio, el atestado policial presentado esta semana asegura que el aforo estaba “sobradamente sobrepasado”. Concretamente, sobrepasado hasta el punto de que algunos diarios informan que en el edificio propiedad del Ayuntamiento de Madrid, que podía alojar un máximo de 10.600 individuos, llegaron a concentrarse más de 20.000 personas.

Como era de esperar, los posibles responsables de estos hechos disparan los unos contra los otros, jugando a un macabro “tú la llevas” cargado de hipocresía. Por un lado, la empresa que, presuntamente no contaba con el número de efectivos necesarios para garantizar la seguridad, que no impidió la entrada de menores y que, según apuntan numerosas voces (incluida una empleada que trabajó en el Madrid Arena esa noche), podría haber sido cómplice o autora directa de la reventa de entradas, además de permitir el acceso al recinto a cientos o miles de personas que no quisieron perder la ocasión de escuchar en directo al pinchadiscos de turno, (Steve Aoki), a pesar de no tener entradas.

Del otro lado, está el Ayuntamiento de Madrid, que alquiló un edificio que no contaba con las correspondientes licencias; la tesis de que no las necesitaba se desmoronó en el momento en que la prensa publicó que el Ayuntamiento ya había solicitado en dos ocasiones estos permisos, que nunca le fueron concedidos. Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg en esta historia, en la que se observan numerosas “irregularidades”, referidas tanto a la empresa organizadora como al modo en que el Consistorio ha gestionado este caso. Este último permitiéndose incluso anunciar que se personará como acusación particular, cuando el sentido común marca que será el responsable civil subsidiario por lo ocurrido en el Madrid Arena.

Los dos viajes de la alcaldesa Ana Botella a un hotel de lujo situado a las afueras de Lisboa después de que se produjesen estos hechos pueden haber sido utilizados para crear una cortina de humo sobre lo que realmente importa (las víctimas y los responsables), pero también pueden ser vistos como un gesto de indiferencia ante el dolor de varias familias madrileñas. Precisamente, los sentimientos de los familiares de
 Katia E.C. Rocío O, P.Cristina A.F.y Belén L.R. , así como los de los allegados de María Teresa A, la joven que aún permanece en estado crítico (pero estable) en la UVI de la Fundación Jiménez Díaz. Es algo que los dirigentes, organizadores del evento y medios de comunicación parecen haber dejado en un segundo plano.

Desde la madrugada del jueves, varios diarios, radios y televisiones han explotado hasta el último gramo de dolor de estas personas, en muchos casos sin aportar siquiera informaciones relevantes. Muchos se han dedicado a lo fácil: vender la tragedia sin demostrar escrúpulos.

Medios que publican fotos de las víctimas extraídas de sus perfiles en las redes sociales, difunden imágenes de una menor en estado crítico o bombardean a la sociedad con fotos de las víctimas para atraer a los lectores, oyentes y espectadores mediante la exhibición del dolor, están ignorando deliberadamente las normas éticas que rigen la profesión y que protegen los derechos de los afectados con el único fin de alcanzar mayores cotas de audiencia.

El cobarde "tú la llevas" de quienes comparten la responsabilidad por lo ocurrido en el Madrid Arena es ya un espectáculo lo bastante grotesco como para que los familiares de las víctimas sean testigos de cómo un puñado de individuos sacan tajada de esta desgracia. Como ocurrió con los atentados del 11-M, cuando las familias de los fallecidos llegaron incluso a pedir la retirada de las imágenes de lo ocurrido de la televisión, esta historia ya está contada y machacada. Aporten los nuevos datos, apunten las nuevas cifras, pero háganlo desde el respeto a las familias de quienes fueron heridos o perdieron la vida en esta fatídica noche.



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