Será un periódico, pero lo que hace no es periodismo

07 de Noviembre de 2012

Ayer, seis de noviembre, el Tribunal Constitucional rechazó el recurso presentado por el PP en el año 2005 contra el llamado “matrimonio homosexual”. Siete años y más de 22.000 uniones después, millones de españoles pudieron dormir tranquilos, conscientes de que algunos de sus derechos más básicos no corren peligro a medio o corto plazo.

Sin embargo, parece que el que los homosexuales sigan gozando de un derecho que nadie ha negado jamás al resto de los españoles no agrada a ciertos medios de comunicación y a determinadas figuras políticas.

En el día de hoy, miércoles siete de noviembre, el ministro del Interior, Jorge Fernandéz Díaz, ha declarado sin ningún reparo: 
“Sigo creyendo que el matrimonio es la unión de hombre y mujer y no voy a cambiar por una sentencia".

Dejando a un lado hasta qué punto pueda o no ser relevante la opinión del titular de Interior sobre este tema, el señor ministro debería ser mucho más prudente a la hora de expresar opiniones de este tipo, que niegan a importantes sectores de la población derechos reconocidos en las leyes y aceptados por la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles.

Por si esto fuera poco, y manifestando una habilidad considerable para desprestigiar la profesión periodística, cierto diario nacional se ha permitido incluso cargar abiertamente contra la decisión del Tribunal con el siguiente titular: “Será constitucional, pero no es un matrimonio”. Estas declaraciones no solo demuestran la estrechez de miras de estos individuos, sino que además suponen una clara agresión contra los colectivos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales, que siguen sufriendo a día de hoy el odio de  cierto sector de la población por el simple hecho ser diferentes.

¿Saben estas personas que en países como Yemen o Arabia Saudí la homosexualidad puede conllevar la pena de muerte? ¿Recuerdan que la homosexualidad fue eliminada de la lista de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud hace más de 22 años? ¿Tienen idea de cuántos niños, jóvenes y adultos son discriminados a día de hoy por algo que ni siquiera han elegido? La única decisión que puede tomar una persona homosexual es la de aceptar o no su condición, y esto requiere una dosis de valor que  no pueden siquiera imaginar quienes pretenden acotar sus derechos.

No, no es solo la palabra “matrimonio”. La palabra en sí no importa, pero sí lo que representa: que todos los españoles tienen derecho a designar su unión con el mismo término, que no deben ser discriminados por elegir pasar su vida con alguien de su mismo sexo, que son ciudadanos libres.

Quienes atacan de manera frontal y gratuita a los colectivos LGTB deberían recordar la naturaleza social de esta profesión y el deber ético de no discriminar al diferente. El periodismo no debe estar al servicio de los más fuertes, sino de los que más lo necesiten, los más débiles, un detalle que los redactores de esta revista no estamos dispuestos a olvidar.


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