Santiago Calatrava: luces y sombras

Alejandro López de Miguel y Ana Terroso Conejero

20/12/2012


El 23 de Noviembre de 2012, el arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava  inscribe sus oficinas en el Registro Mercantil del Cantón de Zurich (Suiza) con la nueva denominación Calatrava & Family Investments GmbH, cerrando también  el último de sus despachos en España. Esta información (que no deja de ser anecdótica) podría haber pasado desapercibida, si no fuera porque el arquitecto, que reside en Suiza desde hace varios años, sigue manteniendo el título honorífico de embajador de la “marca España”, que le fue concedido hace algo más de dos años.

Considerado un diseñador de grandes estructuras, Calatrava ha recibido numerosos galardones y reconocimientos, entre los que destaca el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1999, y ha sido nombrado Doctor Honoris Causa en veinte ocasiones.

El arquitecto español más internacional siempre ha estado perseguido por la polémica, tanto por la espectacularidad de sus característicos (y semejantes) diseños, como por los desorbitados costes que estos acarrean.

Y es que Calatrava no solo establece un porcentaje de ganancias sobre el precio final de sus trabajos (ha llegado a situarse en el 12,5% en nuestro país), sino que además, los costes finales de la materialización de su obra suelen duplicar y triplicar las estimaciones económicas iniciales, alcanzando cifras astronómicas sin que su salario disminuya por ello (al contrario, cuanto mayor es el coste, más alta es la cantidad que percibe).

Según el profesor y arquitecto Mariano Vázquez Espí, Calatrava “no es muy distinto de otros arquitectos, pero en su caso quizás se ha juntado el hambre con las ganas de comer. Lo que es más chusco es que cuando un arquitecto se equivoca y las cosas cuestan el doble, generalmente no debería cobrar honorarios sobre ese sobrecoste, aunque probablemente ocurra con otros grandes arquitectos.”

“Siendo sinceros, sus honorarios no son comparables con otros proyectos de obras públicas afirma Ignacio Blanco,  diputado de Esquerra Unida en las Cortes Valencianas y Portavoz de la Comisión Ejecutiva de ese mismo partido en esta región. “Arquitectos que construyen colegios para la Generalitat cobran un porcentaje muchísimo más bajo. Además, el sobrecoste no se duplica o triplica. Siempre suele subir un 10 o 15%, porque algunos materiales puedan encarecerse o porque surjan dificultades,  pero si el sobrecoste sube, el porcentaje de honorarios baja,  aunque esto no ocurra en el caso de Calatrava.  Primero digo que esto va a valer 100, y yo cobraré 12, pero finalmente no vale 100 sino 300, y cobro 36”.

¿Más datos? Numerosos agentes han acusado a la Generalitat y al arquitecto valenciano de firmar contratos asignados “a dedo” sin que se celebrase un concurso público. El propio Calatrava reconoció en febrero de 2011 haber recibido el encargo de la construcción de la Ópera de Palma ocho meses antes de que se formalizase el contrato oficialPara ser exactos, estas declaraciones fueron pronunciadas ante el juez José Castro, cuando el arquitecto compareció imputado por un supuesto  contrato ilícito de 1,2 millones de euros con el Gobierno balear de Jaume Matas, causa incluida en una de las partes del Caso Palma Arena. De hecho, el juez Castro ha rechazado archivar el caso, tal y como solicitaba la defensa del arquitecto, por lo que el proceso continúa abierto.

El secreto que rodea a los contratos del valenciano es otro de los puntos claves para estudiar su obra. A pesar de que la Generalitat ha asegurado en varias ocasiones la existencia de una cláusula de confidencialidad que rodea a los mismos, esta cláusula no está presente en los documentos supervisados por esta revista.

Por otro lado, el hecho de que Calatrava mantenga su residencia fiscal en Suiza desde la década de los 90, y de que no cotizase en nuestro país durante la construcción de la Ciudad de las Artes y las Ciencias (una de sus obras más célebres), a pesar de que contaba con una oficina en la capital valenciana, ha desatado importantes críticas. La faraónica obra ejecutada en Valencia no solo ha supuesto un desembolso de 1.100 millones de euros al erario público (100 millones solo en concepto de honorarios), sino que además, a día de hoy, y por falta de fondos, aún quedan edificios por terminar.

Uno de los casos más flagrantes es el del Ágora, un edificio con un coste superior a los 100 millones de euros cuya construcción aún no ha finalizado. De hecho, a finales de 2011 EU denunciaba el “almacenamiento” a la intemperie y sin protección de casi 1.400 toneladas de materiales destinados a este proyecto, que apenas ha sido utilizado en setenta ocasiones.


Palacio de Congresos, Oviedo
CC: jsmq

Los proyectos fantasma del arquitecto valenciano, que nunca llegaron a construirse pero por los que cobró importantes cantidades también son destacables: por el diseño y la maqueta de tres torres que deberían haberse construido junto a la Ciudadde las Artes y las Ciencias, el arquitecto ganó un total de 15.200.000 euros, a los que hay que añadir los 2,7 millones que se embolsó por el proyecto del Palacio de Exposiciones y Congresos de Oviedo.

Estas no son las únicas particularidades del sello Calatrava, ya que a menudo, sus obras no se adaptan al entorno en el que se integran: el predominante color blanco en sus estructuras, independientemente de su ubicación, o el hecho de que diseñe espacios abiertos o semi abiertos en lugares  en los que el clima no lo aconseja  (como  es el caso del Aeropuerto de Bilbao), se unen al escaso aprovechamiento del espacio que ofrecen algunas de sus creaciones.

El propio New York Times argumentaba en su editorial (en relación a la estación diseñada por Calatrava para la Zona Cero) que el valenciano es "incapaz de superar el fatal error del proyecto: la incongruencia entre la extravagancia de la arquitectura y el limitado propósito al que sirve".

Y es que los errores en muchas de las obras del arquitecto son bastante evidentes: goteras, grietas en estructuras recién construidas, obras que no pueden cumplir con algunas de las funciones para las que fueron diseñadas (como el Obelisco de Calatrava de Madrid, que no gira a pesar de estar diseñado para ello, debido al enorme gasto que esto conlleva).

Puente Zubi Zuri, País Vasco
CC: Abevil


De hecho, en ocasiones estos errores no quedan en una simple “anécdota”, en una estructura que hay que reparar, a menudo con cargo a las administraciones públicas. En agosto de 2006, una pieza de forjado y hormigón de 500 metros cuadrados cayó desde el techo del Palacio de Exposiciones y Congresos de Oviedo, causando heridas leves a tres operarios.

“Se desplomó el techo. Con la ausencia de Calatrava, que estaba citado para declarar como imputado y no acudió, el juez  le condenó  a pagar una indemnización a las aseguradoras, que en un primer momento se hicieron cargo de resarcir a la empresa que encargó la obra, pero que después procedieron contra Calatrava por haberlo hecho mal, y ganaron. Creo que son dos o tres millones de euros que ha tenido que pagar” recuerda Ignacio Blanco (finalmente han sido tres millones y medio de euros).

En cualquier caso, estas deficiencias estructurales pueden perder relevancia  comparadas con los errores de diseño del Puente de l’Assut de l’Or, en el que dos motoristas han perdido la vida como consecuencia de sendos accidentes de tráfico. Con un coste de cerca de 60 millones de euros (el presupuesto original era de 23.2 millones), esta estructura presenta numerosas irregularidades, como las medidas de los carriles, la existencia de una plataforma para acceder al transporte público que no se encuentra en funcionamiento y un cambio de rasante tan peligroso que ha sido necesario implantar un semáforo en medio del puente.

Más sobre este puente…

Teniendo en cuenta los defectos estructurales, los elevados sobrecostes y el resto de irregularidades observadas en muchas de sus obras, es inevitable plantearnos el motivo por el que, pese a todo, Santiago Calatrava sigue siendo contratado como arquitecto.

Para Ignacio Blanco,  “su  arquitectura se puso de moda en una época: los políticos querían un Calatrava. Creo que también tiene mucho que ver con el boom del ladrillo, el dinero a espuertas saliendo de las arcas públicas. Dinero que se gastó alegremente en proyectos faraónicos a mayor gloria de los políticos, a los que les fue muy bien con ese planteamiento. Los defectos en su obra se conocían, pero deberían de considerarse elementos menores, no sé. Es sorprendente, yo también me lo pregunto a veces. Lo que también es curioso es que haya muy poca obra privada de Calatrava en España, casi todo es obra pública”. 

“Aunque efectivamente han aparecido muchas críticas a la obra de Santiago Calatrava, son muchísimo más abundantes los elogios. Esto es así porque desde hace cerca de tres o cuatro décadas, en España y en el resto de países, la arquitectura se ha convertido en una arquitectura de espectáculo, una arquitectura moda. Su obra tiene un impacto visual muy fuerte, responde a los parámetros de la arquitectura espectáculo o arquitectura moda, y creo que sigue teniendo bastante predicamento a pesar de algunas críticas” afirma el profesor Vázquez Espí, “una de las críticas que se puede hacer a esta arquitectura espectáculo es que ha abandonado el lema de que se puede hacer más con menos para hacer espectáculo a costa de lo que sea”, continúa el educador y arquitecto. “Vivimos en una sociedad capitalista en la que la regla del coste beneficio en teoría está en vigor, pero si los fondos son públicos, como pasa en muchas obras de Santiago Calatrava, el criterio capitalista empresarial no se aplica. En el caso concreto de las obras de la Comunidad Valenciana, como ya se sabe, aunque no ha habido resoluciones judiciales firmes, cuando ese dinero se ha usado por pura corrupción,  resulta que los polos del coste beneficio se han trastocado.”

En enero de este mismo año 2012, el profesor Vázquéz Espí publicó un artículo en el que abordaba lo que él considera un caso “sorprendente”, que afecta (entre otras obras) al Puente del Alamillo (Sevilla). “Es un puente raro, porque la mayor parte de la estructura está fuera de los dos puntos que tienen que unir el puente, algo insólito. Además, pesa cerca de tres veces más de lo que podría pesar. Eso significa que se ha usado tres veces más de hormigón, lo que conlleva un gasto tres veces superior, tres veces más de honorarios”.

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El ejemplo de esta estructura, replicada en una provincia china en lo que el profesor considera una “copia de un modelo de negocio”, sirve para ilustrar algunas de las teorías que algunos partidos y grupos políticos mantienen en relación al arquitecto valenciano.

“Cuando el dinero es público y está destinado a la corrupción, a las comisiones, otras variables no interesan. Lo que interesa son arquitectos como Calatrava, que por hacer lo mismo cobran más. No solo el arquitecto gana más, sino que toda la cadena de comisionistas necesarios para que el proyecto salga adelante, también ganan más apunta Vázquez Espí.

Puente de la constitución, Venecia
Dada la relevancia de las informaciones ofrecidas, y desde el convencimiento de que es necesario reflejar las versiones de todas las partes implicadas, desde la Revista Pensamiento Crítico hemos intentado entrevistarnos también con Santiago Calatrava y con la Generalitat Valenciana, que ni siquiera han dado respuesta a nuestra petición, así como con el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), del que es miembro el ingeniero y arquitecto valenciano, y que ha rechazado la posibilidad de  dialogar con nosotros sobre su obra.

Más sobre la entrevista con Ignacio Blanco…

Más sobre la entrevista con Mariano Vázquez Espí

En cualquier caso, y teniendo en cuenta la considerable cantidad de recursos económicos públicos invertidos en estos proyectos, las irregularidades observadas y las teorías de quienes han compartido con nosotros su visión sobre esta materia, consideramos imprescindible la apertura de nuevas líneas de investigación en relación a estos hechos.

“En todos los mega proyectos  hay una gran cantidad de dinero en juego, hay comisionistas por todas partes,  y por tanto es un estupendo negocio, no se busca la utilidad de la obra en sí”, argumenta Vázquez Espí. “No es que Valencia necesitara una ciudad de las artes, no es que fuera imprescindible el trasvase del Ebro. El caso de la CAC (Ciudad de las Artes y las Ciencias) es dramático, porque del mismo modo en que la Comunidad Valenciana despilfarró dinero público en esta obra, también tiene el dudoso honor de ser la comunidad autónoma española en la que un mayor porcentaje de alumnos de primaria y secundaria tienen que asistir a clase en barracones. Las obras necesarias no se han hecho, los mega proyectos sí, y ese es el problema.

El texto y las imágenes publicadas pertenecen pertenecen a la Revista Pensamiento Crítico, que autoriza su difusión siempre que se especifique la procedencia de estos contenidos. Fotografías y actualizaciones diarias en http://www.facebook.com/Rpensamientocritico.

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