De vuelta al “Bunga Bunga”

28/02/2013

Contra todo pronóstico, el ex primer ministro Silvio Berlusconi ha sido el gran triunfador en las elecciones italianas, celebradas entre el pasado  domingo 25 y el lunes 26 de febrero. Si bien es cierto que el candidato socialista, Pier Luigi Bersani, ha obtenido el  mayor número de votos en el Congreso (29,54% frente al 29,18% de Il Cavaliere), al líder del PD le resultará muy complicado formar un gobierno estable, en un país donde el Senado, que tiene capacidad para aprobar leyes, estará en manos de Berlusconi,  gracias a  los buenos resultados obtenidos en algunas de las regiones claves.

El cómico Beppe Grillo, fundador del M5S, se convertía en el segundo gran  vencedor de la noche, cosechando un 25,55% de los votos, mientras que el primer ministro tecnócrata en funciones, Mario Monti, se estrellaba logrando apenas el 10,54% de los apoyos de los electores.

Con la vista puesta en el presidente de la república, Giorgio Napolitano, que podría jugar un  papel clave para hacer de Italia un país  gobernable,  ha quedado patente el colosal rechazo de los ciudadanos a las medidas de ajuste de Monti, pero también el gran éxito del que gozan los discursos populistas en el país vecino, así como el enorme poder con el que todavía cuenta Silvio Berlusconi.

Il Cavaliere no juega limpio. No solo ha abusado de la enorme influencia que le proporcionan sus potentes medios de comunicación durante la campaña, sino que, además, es bastante probable que vuelva a utilizar la política como un escudo para defenderse de sus causas abiertas con la justicia. El caso Ruby, por el que está acusado de incitación a la prostitución de menores y abuso de poder; o el conocido como caso Mediaset, por un presunto delito de fraude fiscal, son solo dos de los procesos abiertos en los que aparece el nombre del ex primer ministro.


El promotor de las fiestas del “Bunga Bunga”, además ha protagonizado momentos inolvidables para todos los ciudadanos italianos, e incluso para muchos de los europeos. Baste recordar un reciente comentario relacionado con el dictador Benito Mussolini, del que afirmaba que,  excluyendo las leyes raciales,  "hubo cosas que hizo bien". Tampoco hay que olvidar sus declaraciones ante los afectados por el terremoto de L'Aquila de 2009, durante los días inmediatamente posteriores al seísmo, mientras pernoctaban en tiendas de campaña: "Es como un fin de semana de acampada”. Ni que decir tiene que este tipo de declaraciones, con más de trescientos muertos sobre la mesa, 1.500 ciudadanos heridos y 50.000 personas que han perdido su casa, simplemente, no pueden ser toleradas en boca de un líder político.


El impacto del resultado electoral en la economía europea no se ha hecho esperar. Un año y medio después de su dimisión, la vuelta al juego político de Berlusconi vuelve a sembrar la incertidumbre sobre el futuro de Italia, que no parece haber aprendido nada del pasado.


No está claro si el retorno triunfal de Berlusconi estaba planificado o no, o si se fue o no realmente. Hay quién apunta a que el año y medio de gobierno de Monti no haya sido más que una nueva escenificación de Il Cavaliere, apartado temporalmente de la primera línea de la política, para lograr que en los mercados las aguas volvieran a su cauce. Lo que está claro es que Berlusconi no dejó el poder por sus múltiples procesos judiciales, por los constantes escándalos o porque sintiese la repentina aparición de un cierto sentido de la responsabilidad; sino por la complicada situación económica que atravesaba Italia, con una prima de riesgo desbocada que podía dinamitar la marcha del país en cualquier momento. Berlusconi ha demostrado no tener altura moral o política para servir como representante de los ciudadanos;  y los italianos deberían aprenderlo, o no haberlo olvidado. 



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