Exportando el "escrache"

Chema Castaño Risco

01/03/2013


Debido a la crisis económica y a las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de Mariano Rajoy, las manifestaciones, concentraciones y revueltas sociales han aumentado en nuestro país hasta alcanzar cifras históricas, tanto en asistencia como en número de convocatorias de protesta.

Tan solo en Madrid, según informó Cristina Cifuentes en su primer año como delegada del Gobierno, se produjeron 3.419 protestas, un 74% más que el año anterior. Estas manifestaciones generaron un coste de 3'7 millones de euros, que sufragó el Ayuntamiento de la capital. A nivel nacional, según indican los estudios realizados por el  Gobierno, hasta el 26 de octubre de 2012, el número de movilizaciones ciudadanas se disparó hasta las 36.000 convocatorias.

Manifestación del 23 de Febrero en Madrid

Internacionalmente sucede lo mismo. El número de convocatorias ha superado récords y sigue en aumento, pero también la forma de protestar ha cambiado.

En una sociedad globalizada, es común que las distintas culturas compartan y se empapen de influencias procedentes de lugares más o menos lejanos. En el campo de las protestas ciudadanas, entendidas como expresión cultural, también se han exportado modelos.

Los ciudadanos de Argentina siempre han gozado de un don especial a la hora de protestar de forma creativa: fueron los primeros en practicar las caceroladas en el convulso contexto que dejó el corralito y ahora exportan el escrache.

El escrache es una forma de denuncia popular contra personas acusadas de violar los Derechos Humanos o que están presuntamente relacionadas con casos de corrupción y pretenden pasar desapercibidas. Esta técnica de protesta se desarrolla mediante sentadas, concentraciones, pintadas, cánticos o representaciones teatrales frente al domicilio del acusado o en lugares públicos que frecuente. Podríamos comparar estas expresiones de protesta con la labor humillante y extravagante del cobrador del frac, quien acompaña a los morosos hasta su desesperación, llamando la atención de todos los viandantes.

Escrache, gobierno de San Juan. Foto de Santiago Scrinzi

Los primeros escraches fueron organizados por la asociación H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad la Justicia contra el Olvido y el Silencio),  cuando en 1995 fueron liberados por un indulto concedido por Carlos Menem (presidente de Argentina en esa época) los procesados por delitos cometidos durante el Proceso de Reorganización Nacional. Estas primeras manifestaciones surgieron para poner cara a los culpables del genocidio que se vivió en Argentina, y sentaron las bases para la consolidación de esta técnica de protesta.

Según afirma en su web dicha asociación, que sigue recurriendo al empleo de este método de protesta, "con el escrache queremos hacer pública la identidad de estos sujetos: que los compañeros de trabajo conozcan cuál era su oficio en la dictadura, que los vecinos sepan que al lado de su casa vive un torturador, que los reconozcan en la panadería, en el bar, en el almacén. Ya que no hay justicia, por lo menos que haya condena social, que se los señale por la calle como lo que son: criminales."

En Perú y Chile se importaron estos métodos de protesta con relativa rapidez, pero con características propias. Mientras que en Chile a este tipo de acciones disruptivas se las denomina funa, en Perú son conocidas con el nombre de roche.

En España, fueron los activistas de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y los de Anonymous, quienes decidieron introducir este tipo de medidas de presión en la campaña por la admisión a trámite de la ILP por la dación en pago retroactiva. Su convocatoria pública al escrache se realizó de forma digital, señalando a través de las redes sociales a los diputados del PP que deberían votar por su admisión, y amenazando con pasar del escrache digital al personal en caso contrario. Parece que esta iniciativa tuvo resultados, ya que los diputados del Partido Popular, originariamente en contra de la dación en pago retroactiva, cambiaron de postura en pocas horas, admitiendo a trámite la ILP.

Manifestación del 23 de febrero en Madrid
"Es una actuación progresiva de menos a más en la que no vamos a utilizar la violencia contra las personas, porque somos un movimiento pacífico. Pero sí que vamos a actuar con mucha más contundencia, señalándoles en su ámbito de trabajo y en sus barrios. Es una idea tomada de otros países, como Argentina, que también han sufrido situaciones de dictadura y que han necesitado hacer justicia social porque desde la institución no se impartía." Las palabras de Ada Colau, portavoz de la PAH, en una entrevista publicada por el diario Público, resumían la estrategia a seguir por esta plataforma, que continúa ejerciendo distintas medidas de presión para evitar desahucios en nuestro país.

Existen simpatizantes de esta técnica que interpretan el escrache como una forma de justicia social cuando no actúa la Justicia, y cada vez hay más movimientos que, viendo su efectividad, utilizan este tipo de acciones pacíficas para llamar la atención y conseguir resultados.  De hecho, ha generado variantes como El Cobrador del Chándal, que propone silbar por la calle al paso de políticos o banqueros relacionados con casos de corrupción, para que los ciudadanos presentes se sumen a la pitada. Para dar más repercusión a estas acciones, proponen también la difusión de estos encuentros a través de Twitter, utilizando para ello el hastag #elcobradordelchandal.

Como conclusión, con el descubrimiento de nuevos casos de corrupción política, los azotes de la crisis económica y las sucesivas medidas de austeridad impuestas por parte del Gobierno, también han aumentado cuantitativa y cualitativamente la intensidad y la forma de las protestas ciudadanas. A fin de cuentas, el escrache es solo una forma más de demostración del descontento popular. No es de extrañar que sea en este contexto cuando las distintas plataformas y organizaciones adopten estas nuevas técnicas de protesta, con el fin de hacerlas más llamativas y participativas.

El texto y las imágenes publicados pertenecen a la Revista Pensamiento Crítico, que autoriza su difusión siempre que se especifique la procedencia de estos contenidos. Fotografías y actualizaciones diarias en http://www.facebook.com/Rpensamientocritico.

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