Las grandes incógnitas del conflicto en Malí

Actualización


Malí hoy: preguntas sin respuestas


Alejandro López de Miguel


 15/06/2013

Desde que comenzase la Operación Serval del Ejército francés hace hoy cinco meses, Malí ha sido el escenario de numerosos bombardeos aéreos y combates terrestres que han permitido al Gobierno de transición recuperar el control de la mayor parte del país -a pesar de que ciudades como Gao o Tombuctú apenas tienen suministro eléctrico-, pero siguen teniendo importantes problemas en el norte. El macizo de Ifogas se ha convertido en un nido de organizaciones terroristas, y los ataques y atentados suicidas de AQMI y Ansar Dine han sido constantes desde que comenzaran los enfrentamientos, en un país clave para la seguridad de España y Europa debido a su proximidad geográfica y al riesgo de que se consolide como punto de encuentro de distintos grupos terroristas islámicos.

El próximo 28 de julio, y debido a la presión de Francia y otros países occidentales, Malí celebrará unas elecciones que pondrán fin al Gobierno de transición de Dioncounda Traoré, uno de los responsables del golpe de Estado del pasado año. Una quincena de formaciones políticas participarán en los comicios, necesarios para designar un gobierno fuerte, capaz de lograr el apoyo de la comunidad internacional. El Gobierno interino reparte millones de carnets NINA, imprescindibles para votar, a pesar de la oposición de los grupos armados tuareg no islamistas -en poder de varios asentamientos ya liberados-  que no apoyarán la celebración de las elecciones hasta que los gobernantes aborden la  cuestión tuareg, verdadera clave del conflicto.

Víctimas

La falta de información sobre el conflicto en Malí es uno de sus rasgos distintivos. Sin que exista una cifra oficial definitiva en relación al número de muertos y heridos –civiles y militares-, numerosas organizaciones han denunciado constantes violaciones de los derechos humanos en el país africano. El informeMali: Hallazgos preliminares de una misión de cuatro semanas. Abusos graves de los derechos humanos”  de Amnistía Internacional,  y otros estudios presentados por distintas organizaciones recogen casos de violaciones, torturas, mutilaciones, desapariciones forzosas y  ejecuciones, en un país en el que se ha documentado el reclutamiento de niños soldado, y en el que 400.000 personas se encuentran desplazadas a día de hoy.

Operaciones militares

A pesar de que en un principio se mostró reacio a destinar más efectivos a esta misión -cuyo importe fue cifrado en 3,8 millones de euros para costear 15 meses de trabajos-, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, comparecerá próximamente en el Congreso para justificar el envío de nuevos soldados españoles a Malí, duplicándose el número de militares destacados en el país africano hasta alcanzar los 110 hombres. Salvo aquellos destinados a la protección de la fuerza, los 542 efectivos de 22 países que integran la misión europea -56 de ellos españoles- tienen como objetivo entrenar y asesorar a cuatro batallones del ejército maliense, que aproximadamente suman  la mitad de su ejército de 5.000 hombres.

Por su parte, el Ejército francés ya ha iniciado el repliegue de sus tropas en Malí, aunque todavía mantiene 3.800 soldados en el país africano, donde llegó a desplegar entre 4.500 y 5.000 efectivos. París prevé reducir este número hasta los 2.000 en septiembre, y hasta los 1.000 efectivos a finales del próximo año.

Los países africanos van tomando el protagonismo en esta misión, para la que ya han destinado más de 11.000 soldados, y que se ha complicado notablemente desde los primeros bombardeos franceses del pasado enero.  Los intereses energéticos del Gobierno galo, su presunto afán colonialista y la lucha contra la amenaza del terrorismo islámico son los principales motivos que distintos agentes han atribuido al Ejecutivo de François Hollande para iniciar un conflicto que, de momento, sigue planteando numerosas incógnitas y dista mucho de alcanzar su punto y final.


Artículo original

Alejandro López de Miguel

04/03/2013

Ejecuciones extrajudiciales. Centenares de yihadistas muertos. Tres militares  franceses y veintisiete chadianos abatidos. Islamistas reclutando niños soldado.  A modo de resumen, y en apenas un par de renglones, es posible condensar algunas de las claves del conflicto en Malí. Quizás, las menos conocidas por el público en general. Empecemos por el principio.

El 17 de enero de 2012, el movimiento laico de rebeldes tuareg MNLA, lanza una ofensiva contra la población de Ménaka, al norte de Malí. En apenas dos meses, y con la ayuda de otro movimiento tuareg de corte islamista, Ansar Dine, los rebeldes del MNLA controlan ya el 70% del territorio de Malí (800.000 kilómetros cuadrados; más de una vez y media el tamaño de España).



Poco después, el 21 de marzo de 2012, un grupo de oficiales y suboficiales del maltrecho ejército de Malí impulsan un golpe de estado, descontentos con la gestión por parte del gobierno de la rebelión tuareg, que sigue cobrando fuerza en el norte. Derrocado el presidente Amadou T. Touré, elegido democráticamente, el capitán Amadou Sanogo  toma el poder, que todavía hoy conserva, a pesar de los múltiples cambios, nombramientos y dimisiones (más o menos forzosas) que han tenido lugar en la república africana.



Mapa físico creado por Carport

Lejos de desaprovechar la confusión reinante en la capital, Bamako, los rebeldes tuaregs del MNLA y Ansar Dine toman las tres principales ciudades del norte de Malí (Kidal, Gao y Tombuctú), entre el 30 de marzo y el 1 de abril del pasado año, para después atacar  Douentza, reclamando la independencia del territorio de Azawad, sin lograr el reconocimiento internacional que persiguen.

Sin embargo, el clima de cooperación entre ambos grupos tuareg no ha de durar demasiado. En junio de ese mismo año, se producen duros enfrentamientos en la ciudad de Gao entre los laicos (MNLA) y los islamistas de Ansar Dine, AQMI y el MUYAO, que imponen el seguimiento de la ley islámica (sharía) y expulsan al MNLA de la zona.





Bando Yihadista


AQMI

MUYAO

Ansar Dine

MIA

Tuaregs Laicos


MNLA





Fuerzas regulares


Ejército de Malí

Ejército de Francia 

MISMA o AFISMA

Desde este momento, y  hasta prácticamente el mes de diciembre, el escenario de Malí se vuelve cada vez más complicado y peligroso. Supervivientes de la Guerra de Argelia (2003) y excombatientes en el conflicto libio (2011) armados hasta los dientes, convergen en la república africana, poniéndose bajo las órdenes de AQMI, el MUYAO y Ansar Dine. 

Ante esta amenaza, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) aprueba las resoluciones 2071(octubre, planificación de una misión de apoyo a las fuerzas de Malí, tutelada por la Unión Africana y por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental ) y 2085, por la que respalda la misión de adiestramiento de tropas de la república africana, impulsada por la UE.

Los acontecimientos se precipitan cuando el 10 de enero de 2013 los yihadistas toman Kona y Diabali. Malí pide ayuda a Francia, que acude rauda a defender a la que fue su antigua colonia. Así, el 11 de enero comienza la Operación Serval, para eliminar a los terroristas islámicos y devolver la estabilidad al país africano.

En este punto, la historia se complica: en los casi dos meses que han durado estas operaciones, 4.000 militares galos han colaborado con el precario ejército nacional para barrer a  los islamistas del mapa, destruyendo campamentos de entrenamiento, almacenes logísticos y otras infraestructuras en una operación que numerosos medios internacionales se  han apresurado a calificar como “exitosa”.



La dificultad, insisto, llega ahora. En un conflicto tremendamente asimétrico, y frente a los aviones Rafale y Mirage 2000 y franceses, es lógico (y era previsible) que los terroristas no opongan ningún tipo de resistencia.  En lugar de plantar batalla, los radicales se han replegado en dirección al macizo de Ifoghas, en el norte del país, donde la geografía del terreno les ha permitido esconderse y reagruparse ante las fuerzas de Francia, Malí y  las tropas de la MISMA o AFISMA (7.000 soldados de 8 paises africanos que luchan junto a ambos países para acabar con los terroristas islámicos).

París no solo se enfrenta a la ardua tarea de acabar con los reductos terroristas, sino que también debe garantizar la seguridad de un territorio quasi inabarcable, que nunca ha sido controlado en su totalidad por el gobierno de Malí, con fronteras difusas en medio del desierto y en el que los tuaregs (8% de la población de este país, más de un millón de personas) han protagonizado numerosas revueltas. De hecho, los mismos tuaregs que iniciaron el levantamiento para proclamar el Estado de Azawad, juegan hoy un importante papel en Kidal. Se han atribuido el arresto de Mohamed Moussa, número tres de Ansar Dine, y han combatido junto a los ejércitos regulares contra los yihadistas, aunque eso no les ha servido para que la administración se muestre partidaria de permitir la creación de un estado tuareg. Su negativa podría dar pie a un nuevo conflicto, teniendo en cuenta los precedentes históricos.

Por otra parte, después de la muerte de 27 soldados del Chad en los últimos combates, las bajas de tres militares franceses desde que comenzó la intervención, los siete fallecidos tras la explosión de un coche bomba en Kidal y las víctimas de otros tantos atentados suicidas en Gao, Kidal y Tessalit, es evidente que la intervención en Malí está muy lejos de concluir, por más que Hollande haya señalado el mes de marzo como fecha de retirada de las tropas galas.



La complejidad de la misión y el elevado coste de esta operación (Francia la sitúa en la sorprendentemente modesta cifra de 50 millones de euros) dan pie a varias preguntas: ¿Cuál es realmente el objetivo de los franceses en Malí? ¿Qué intereses hay en juego? ¿Cuál es el coste real de la guerra?

La presencia de miles de terroristas de esta rama de Al Qaeda concentrados en un mismo espacio, supone un enorme peligro para quienes pueblen ese lugar, incluso para toda la comunidad internacional, como también parece obvio el interés de París por proteger a los 6.000 ciudadanos franceses que viven en la zona. El vínculo entre Francia y la que fuera una de sus colonias hasta 1.960,  la voluntad de restablecer el modelo imperialista (según apuntan algunos diarios argelinos) o el evidente refuerzo a la figura del presidente Hollande, que ha visto sensiblemente incrementada su popularidad, también son circunstancias a tener en cuenta.

Sin embargo, existe otro  factor claro, innegable: la  enorme dependencia del uranio extraído en Níger, el cuarto exportador mundial de este mineral. Con el 80% de la participación estatal en Areva, la empresa que explota dos de las minas de este país (y con una tercera aún mayor en construcción), el estado más nuclearizado del mundo (58 centrales en activo, que le proporcionan el 78% de la energía eléctrica que consume) no puede arriesgarse a que la inestabilidad en la región le haga perder esta fuente de abastecimiento, a un precio mucho más asequible en Malí que en otros muchos países.

Dejando a un lado los motivos de cada uno de los actores para participar en el conflicto, es necesario tratar otro de los aspectos clave: la preocupante ausencia de informaciones en relación al mismo.



En casi dos meses de bombardeos no hay datos sobre el número de enemigos abatidos (Hollande habla de cientos de bajas) o capturados, no existen estimaciones gubernamentales sobre el número de desplazados, no está claro cuándo y de qué manera se celebrarán las elecciones (en principio, en julio de este año) o  si el capitán Sanogo, máximo dirigente hoy en Malí y responsable del golpe de estado del pasado año, podrá presentarse o no a los comicios.

Peor aún: no hay estimaciones siquiera provisionales sobre el número de víctimas civiles del conflicto, que cuenta con más zonas de sombra. Según informa Amnistía Internacional, y además de las amputaciones, violaciones o lapidaciones practicadas por los yihadistas durante la imposición de la sharía, los radicales también son responsables del empleo de niños soldado para defenderse de las tropas galas, malienses y de la coalición MISMA. Los informes de esta ONG indican que los terroristas obligaron a empuñar armas a chicos de hasta once años de edad, lo que se considera un crimen de guerra.

Escalofriante es también otro de los estudios de esta misma organización, que durante el pasado mes de enero denunció las ejecuciones extrajudiciales acometidas por el maltrecho ejército maliense. El temor a que cualquier extranjero pueda ser en realidad un yihadista infiltrado, podría ser uno de los motivos por los que se producen  estas ejecuciones, que representan una clara vulneración de las leyes de la guerra y de los derechos humanos.

Sin embargo, el goteo de afectados por la ola de violencia que arrancó hace poco más de un año en el país africano no acaba aquí: según el informe “Refugiados del conflicto de Malí: respondiendo a una creciente crisis” publicado por Intermón Oxfam a finales de enero, desde el inicio de 2012 se han contabilizado 229.000 desplazados internos, y 145.000 malíes han huido hacia los países vecinos.

Por otro lado,  la evolución de la crisis en este país limítrofe con Argelia y sus futuras consecuencias no pueden acotarse estrictamente dentro de las fronteras de la república africana. Dos días después de que Francia lanzara la Operación Serval, el 13 de enero, el portavoz de Ansar Dine, Sanda Ould Bouamama lanzó una severa amenaza contra la nación gala: “Francia y sus cómplices pagarán caro este ataque”, aseguró. La sombra de Al Qaeda es alargada, y en la memoria de todos los ciudadanos europeos siguen grabadas escenas de los atentados de Londres o Madrid posteriores a la invasión de Iraq. Por ello, París ha extremado las medidas de seguridad en aeropuertos, transportes públicos y monumentos, pero seguirá combatiendo a los terroristas sobre el terreno.

Para muchos, permitir que los yihadistas escapen sería un gran error, pero tampoco parece una buena idea imponer un modelo de  estado o nación occidental, influir en la construcción de la democracia en este país. El estado de excepción sigue vigente. Los combates perdurarán durante meses, y la población de Malí deberá rechazar con  todas sus fuerzas la amenaza terrorista y trabajar para cerrar las heridas, sentando las bases de un nuevo estado diseñado a su manera, libremente.


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