¡Silencio, se rueda!

Carmen Reja Guisado

01/03/2013

Han transcurrido 118 años desde que los Hermanos Lumière nos mostraran la salida de unos obreros de su fábrica tras una jornada de trabajo rutinaria. Esta imagen no sería más que una extensión de la fotografía; extensión que sentaría las bases de lo que hoy conocemos como el Séptimo Arte, definido como “el teatro del proletariado” por  el dirigente socialista Jean Jaurés(1859-1914).  

En todo este tiempo, el cine ha servido como vehículo de expresión para las sociedades emergentes, en declive, e incluso para las pasadas. Fiel hervidero de ideas y pensamientos del ser humano, en muchos casos se ha conformado como un bastión infranqueable para denunciar cualquier problema social a lo largo de los años.

Ganadores de los Goya 2013 / CC: elclubexpress.com

La vigésimo séptima edición de los Premios Goya estuvo bañada de reivindicación y denuncia social. No es de extrañar, si echamos un vistazo al panorama actual en nuestro país. La subida del IVA hasta el 21% (un aumento de 13 puntos), la escasez de ayudas y subvenciones a la industria del celuloide, el paro, los desahucios aplicados a miles de familias y la precaria situación que padecen sectores como la educación y la sanidad, tuvieron butaca de honor en la ceremonia.

El cine lo merece. Y si esta afirmación no es cierta, que se lo pregunten a Marlon Brando cuando, un mes de marzo de 1973, decidió no recoger el Oscar por su trabajo en El Padrino, en protesta por el trato recibido por los indios en América. También puede confirmarlo la actriz Jodie Foster, que aprovechó la ocasión durante la edición 70 de los Globos de Oro para declarar abiertamente su homosexualidad. Curioso, cuanto menos, que el premio que se le otorgó lleve el nombre de un cineasta especialista en historias bíblicas, Cecil B. De Mille.

Marlon Brando en "El Padrino"/ CC: Lenoscultura.com
Esto no sería más que un “suma y sigue”, dentro de las manifestaciones que conforman la historia del cine. Así, podemos destacar una tardía evolución del cine europeo frente al gigante norteamericano, condicionado por el estallido de la Primera Guerra Mundial. El conflicto, que interfirió en la labor de muchos cineastas, dio paso a una etapa de creación artística fuera de lo común, que buscaba romper con cualquier corriente cultural establecida: hablamos de las vanguardias.

En Francia, el descontento por la comercialización de productos americanos se transformó en el movimiento impresionista: una forma de hacer cine con conciencia propia, cuyo interior emerge de la importancia de sus protagonistas. En general, el movimiento francés se rige por un marcado carácter crítico frente a la sociedad aburguesada. A esta corriente se unió Luis Buñuel (1900-1983), con Un perro andaluz (en co-producción con Salvador Dalí), o Tierra sin pan.

La ruptura social que provocó el conflicto bélico, hizo surgir en Alemania el movimiento expresionista. Siempre acompañado por un deseo de evasión que plasmado en títulos como El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, donde las señales del desgarro cultural son evidentes, contorneándose en escenarios inverosímiles y distorsionados, sirviendo de plataforma a personajes soñadores y quiméricos. A nuestra memoria sesgada de información audiovisual, puede llegar tras esta descripción el vampiro Nosferatu, de Friedrich W. Murnau; o el horror encarnado en El hombre de las figuras de cera, de Paul Leni.

En Rusia, coexistieron diversas vanguardias como la Fábrica del actor excéntrico y el mítico Cine-ojo; con DzigaVertov como su representante. Él era la peonza que giraba, mostrándonos la realidad como solo él podía entenderla.

Fotograma del "El gran dictador"
La historia se repite. Tanto es así que, en los ya mencionados Goya, la cinta muda Blancanieves se alzó con 10 de los 18 cabezones. Y es que el cine mudo engancha. Sin ir más lejos, nuestro entrañable Charles Chaplin se resistió a la llegada del sonido. Eso sí: acabó rindiéndose en 1940, incluyendo sonoridad a la feroz y controvertida crítica contra el nazismo y el antisemitismo, El gran dictador.

Rebeldes y subordinados, soñadores y realistas, guerreros y transmisores de la paz… Todos tienen cabida en esta disciplina dedicada a transportarnos a momentos y hechos históricos, culturales o sociales, a servir como vehículo de los sueños.

Siguiendo la senda de la reivindicación, hay movimientos que reflejan épocas convulsas, como el cine underground. Nacido a finales de los setenta, transgredía no solo el lenguaje y la narración cinematográfica, sino que además trataba temas prohibidos hasta entonces,  como el sexo o las drogas.

Fotograma de"On the Road" / CC:rheaven.blogspot.com.es
Si hablamos de descontento, de malestar social e incluso, del eczema existencial que puede provocarnos el vivir dentro de una rutina con un horario establecido, hablamos de la generación beat. A día de hoy, esta generación sigue inspirando a cineastas contemporáneos, como demuestra On the Road (2012), dirigida por Walter Salles.

Todo vale para ensalzar la magnitud de la fábrica de los sueños, si de sueños hablamos. Aunque, también la realidad entra en juego a la hora de consumar cualquier preocupación que se cierne sobre la sociedad. La realidad como impulso creativo forma parte de la máxima en el cine Dogma 95. Cine “de andar por casa”, de bajo presupuesto; que estigmatiza la idea del cine de autor y los colosales costes de producción que la industria de Hollywood afronta para la realización de sus largometrajes. Claro representante de esta corriente es Lars Von Trier, que nos dio a conocer el decálogo dogma con películas como Idioterne (Los idiotas).

Separar el cine de la reivindicación, inherente en todas las sociedades humanas, es despojar al cine de parte de su esencia. El Séptimo Arte fue una ruptura con lo anterior, el fin de la obligatoriedad de acceder a imágenes fijas.

No basta con digerir el celuloide como una sucesión de imágenes fotográficas. Hay que entenderlo como un apéndice de los movimientos sociales que se manifiestan a lo largo de la historia.  El cine está vivo por dentro, y así lo corroboran sus más de 100 años de historia. 


El texto y las imágenes publicados pertenecen a la Revista Pensamiento Crítico, que autoriza su difusión siempre que se especifique la procedencia de estos contenidos. Fotografías y actualizaciones diarias en http://www.facebook.com/Rpensamientocritico.

1 comentario:

  1. Interesante reflexión, aunque echo de menos un análisis centrado un caso concreto que sirva de guía espiritual.

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