Emitiendo desde el Hades

Número  18 - 17/06/2013

Es evidente que el mantenimiento de un ente público de radiodifusión no es rentable en lo referido a aspectos económicos, pero también es una realidad que revierte gran cantidad de beneficios en la sociedad que lo mantiene. Una radiotelevisión estatal de calidad -con la BBC como ejemplo-, aporta a sus contribuyentes contenidos que sacian en gran medida sus necesidades de información, educación y entretenimiento, siempre y cuando no existan ingerencias políticas o intereses ocultos en los contenidos que emite.

El pasado martes 11 de junio, el portavoz del Gobierno griego de Antonis Samaras, Somos Kedikoglou, anunció el cierre inminente de la radiotelevisión estatal helena (ERT). En cuestión de horas, 75 años de historia de la radio y la televisión pública griega se fueron a negro, dejando 2.700 empleados en el limbo. Esta drástica medida y su abrupta ejecución poco corresponden a un gobierno democrático que persigue el bien para su pueblo, y menos a un Gobierno de coalición formado con la única finalidad de salvar a un país que intenta salir a flote, agarrándose al flotador pinchado que le arrojó el Eurogrupo.

Es cuanto menos preocupante la ausencia de información que nos llega de los países que, al igual que España, han sido rescatados: Grecia, Chipre, Irlanda, Portugal... Tan solo superan las fronteras informativas algunas noticias-bomba como esta absurda medida patrocinada por la troika, y aplicada sin titubeos por el partido conservador Nueva Democracia. Normativa que, por otra parte, era de esperar tras aprobar el Parlamento griego en el mes de abril la ley que permitía despedir a15.000 funcionarios hasta 2014, otra exigencia de los hombres de negro.

El mismo día que una nueva huelga general paralizaba los sectores públicos griegos (jueves 13 de junio), altos cargos de la eurozona se reunían para acordar el desbloqueo del próximo tramo del recate: 3.300 millones de euros. Ante esta coyuntura, es llamativa la respuesta del pueblo griego que -herido de muerte por recortes sociales y políticas de austeridad-, muestra su malestar ante la excesiva repercusión de la que goza esta crisis política, cuando nadie se ha preocupado por los cientos de miles de griegos que perdieron sus empleos y no pertenecían a la ERT. La sociedad helena se encuentra dividida entre las facciones que consideran esta medida necesaria, porque creen que es un despilfarro el mantenimiento del  controlado ente radiotelevisivo público -con un escaso 13% de índice de audiencia-, y los que defienden la necesidad y el derecho de información en un país que está perdiendo sistemáticamente los servicios públicos que tanto les ha costado conseguir.

En nuestro país, la respuesta de los trabajadores de RTVE ha sido unánime. Con el miedo de quien ve las barbas de su vecino cortar, los funcionarios de la radiotelevisión pública española han exigido al Ejecutivo griego -al igual que han hecho diversas federaciones internacionales de periodistas-, la inmediata restitución de la ERT. Por lo que sabemos la decisión es rotunda, aunque Samaras parece reaccionar ante el aluvión de críticas con tímidas correcciones a la medida. La entidad pública helena volverá a emitir después del verano -según ha anunciado el Gobierno-, contando para ello con una plantilla reducida a unos 1.200 trabajadores, -un insignificante número en comparación con los 2.700 funcionarios que actualmente desconocen cuál será su destino-.

También se ha pronunciado la Unión Europea de Radiofrecuencia (EBU), que considera esta normativa "antidemocrática y poco profesional", y por ello facilita a los trabajadores -que aún ocupan la sede central de la ERT- la señal para la emisión de contenidos informativos sin permiso del Gobierno de Samaras.

El cierre de la radiotelevisión estatal helena es un hecho sin precedentes, que sustituye descaradamente el derecho a la información de un país por la reducción de su gasto público, y contradice sin escrúpulos la decimonovena cláusula recogidaen la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
  

El texto y las imágenes publicados pertenecen a la Revista Pensamiento Crítico, que autoriza su difusión siempre que se especifique la procedencia de estos contenidos. Fotografías y actualizaciones diarias en http://www.facebook.com/Rpensamientocritico

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