¿De verdad tenemos algo que celebrar?

Alejandro López de Miguel    -   Opinión

  Número 26 - 12/10/2013
Estoy deseando ver el desfile del Día de la Hispanidad. A los príncipes -nunca más en mayúscula- y a los jefazos políticos sonriendo desde las tribunas de autoridades. Y abandonando el plano astral, a los militares, policías, periodistas, trabajadores del Samur que estarán en el desfile, junto a los miles de ciudadanos que simplemente querrán celebrar nuestro día.
Foto de flickr
Y es que aparentemente lo que nos han robado -no hablo de dinero- no importa. Lo importante este 12 de octubre es exaltar nuestra inexistente Hispanidad. La misma que están pisoteando falseando lo que pasa con Cataluña –desde Madrid y Barcelona- exaltando el odio. La Hispanidad del cierre de hospitales, de las reducciones de becas, de recortes a los más débiles para que los poderosos tengan descuentos en los gintonics, cuando no barra libre.  
Día de la Hispanidad de los que se han ido, de los que se quedaron para plantar batalla, día de los Jaguar que desaparecen, de los 4.000 euros en confeti, de las indemnizaciones en diferido, de los ERES en cocaína. Saquemos el champán -cava catalán no, estaría bueno apoyar a esos separatistas- y celebremos los desahucios, la fuga de cerebros, los parados de cincuenta años cuyas vidas nunca volverán a ser iguales.  
Riamos por los familiares de las víctimas del franquismo –que resulta nunca fue una dictadura- por los notarios que atribuyeron por error 13 pisos a la poseedora del DNI 14-Z, por los cretinos de la herencia recibida, del tú más, del relaxing cup for una delegación que duplica en tamaño a las del resto de países. Por todos es sabido que fumar en un casino no resulta perjudicial, ¡alzad las copas!.
Brindemos por el desmantelamiento de la televisión pública, por el desprecio a los educadores que trabajan en todos los centros de enseñanza, por los aeropuertos sin aviones y las autopistas de peaje que financian los españoles,  por el estudio de Calatrava en Suiza y el puro de Rajoy en Nueva York.  Por el rescate a los bancos que hoy se atreven a decir que tienen beneficios. Por el rescate cuyos intereses pagan los mismos que son expulsados de sus casas.
Gritemos de alegría por los 36.000 millones de euros que usaremos para pagar los intereses de la deuda... y dejaremos de gastar en medicinas, en mamografías para prevenir el cáncer, en ayudas a la dependencia, en buscar curas para las enfermedades raras. Alcemos nuestras copas todos a una por la entrada de Rodrigo Rato en el Santander, por el libro que Zapatero tiene previsto sacar sobre la crisis, por el sueldo de Felipe González o José María Aznar.
Visto lo visto, no sé qué narices tenemos que celebrar. Un país en el que las mujeres no tienen el mismo derecho a ser madres por ser lesbianas  o por “falta de varón” no es un país que tenga nada, absolutamente nada que celebrar. Es una maldita vergüenza.

Feliz día de la hispanidad,  así, en minúscula. La mayúscula nos la han robado junto con la dignidad.


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