En deuda con Bosnia-Herzegovina

Cuadernos de Bosnia I

Número 26 - 15/10/2013

Alejandro López de Miguel


El 26 de junio de 1991 Eslovenia y Serbia iniciaron lo que sería una breve contienda militar en territorio esloveno. La denominada Guerra de los Diez Días apenas acabó con algunas decenas de vidas, pero las batallas que la precedieron durante más de un decenio arrojaron un saldo de muertos mucho mayor.

A poco más de 2.000 kilómetros de Madrid –cerca de dos horas y media en avión- la convaleciente Yugoslavia comenzaba así una lenta agonía que se prolongaría durante quince años, y que acabaría con la desintegración de la  República Federal Popular Yugoslava.

Más de diez años y cinco conflictos en cinco países distintos después (sin contar con los bombardeos de la OTAN a posiciones serbias) era posible encontrar siete nuevos estados independientes: Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo. Siete estados directamente surgidos de las entrañas de la antigua Yugoslavia, regados con el polvo, el sudor y la sangre de quienes padecieron las ansias de poder, manipulaciones o aspiraciones económicas de varios gobernantes sin escrúpulos, mientras la llamada comunidad internacional asistía impasible o ponía en práctica distintos experimentos que golpearon con la misma contundencia que las bombas.

 Mina, natural de Sarajevo, posa junto a una pared acribillada a balazos en la que aparece escrita la palabra "Ljubav" (amor en serbocroata). Mostar, Bosnia-Herzegovina, septiembre de 2013. // Fotografía de A.L. de Miguel
Veintiún años después del inicio del conflicto, Bosnia- Herzegovina sigue intentando cerrar las muchas heridas que aún tiene abiertas. Dividida en dos entidades prácticamente autónomas –musulmanes y croatas por un lado, serbobosnios por otro- parece evidente que los planes de paz alabados por la comunidad internacional y los medios de comunicación no han sido tan efectivos como se esperaba.

Con una tasa de paro que ronda el 43%, en Bosnia-Herzegovina existen aún aldeas prácticamente habitadas sólo por mujeres, cuyos padres, hermanos, maridos e hijos fueron víctimas de la brutalidad del conflicto que la inmensa mayoría de sus habitantes no había incentivado.

Y eso por no hablar de las minas antipersona: un horror latente e insoslayable del que apenas se habla, pero que supone una verdadera amenaza para las vidas de los bosnios, especialmente para las de aquellos que viven del campo. Diversos cálculos cifran en 200.000 el número de minas que siguen activas en Bosnia, y que seguirán suponiendo un serio peligro durante al menos treinta años si nadie hace nada por evitarlo.

Por otro lado, la división religiosa en la que tanto han enfatizado unos y otros no se antoja tan relevante. En Mostar, el río Neretva divide la ciudad entre dos partes, una habitada por los croatas,  la otra por los musulmanes, pero la separación no es hoy  tan radical. En colegios, escuelas de música y otros centros consultados los trabajadores se muestran sorprendidos cuando se les pregunta si acogen por igual a musulmanes y croatas, respondiendo de manera afirmativa.

De hecho, en la parte croata es posible encontrar mezquitas frente a establecimientos frecuentados por grupos ultras, lo que hace pensar que las nuevas generaciones no están tan preocupadas por las diferencias religiosas, las mismas que las potencias internacionales esgrimieron para justificar la carnicería permitida (o patrocinada) a las puertas del corazón de Europa.

Curiosamente, los edificios de Mostar siguen llenos de impactos de morteros y balas, algunos albergan aún metralla en su interior y ni siquiera están vallados. Sin embargo,  el Puente Viejo y la Plaza del Rey – visitada en 2012 por el monarca español-  sí se han reconstruido, ésta última gracias a la aportación española. Un ejemplo más de lo que de verdad importa a la comunidad internacional.

 El acordeonista frente al Stari Most o Puente Viejo de Mostar, cuya reconstrucción fue utilizada por las potencias occidentales como símbolo de reconciliación en Bosnia-Herzegovina. Mostar, Bosnia Herzegovina, septiembre de 2013 // Fotografía Alejandro López de Miguel

El texto y las imágenes publicados pertenecen a la Revista Pensamiento Crítico, que autoriza su difusión siempre que se especifique la procedencia de estos contenidos. Fotografías y actualizaciones diarias en http://www.facebook.com/Rpensamientocritico

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