Por su seguridad le estamos grabando: los ojos y oídos de la UE

‘Minority Report’


Alejandro López de Miguel 

27/02/2014

La privacidad no existe, al menos no tal y como la concebimos.  Hace apenas nueve meses, los ciudadanos europeos reaccionaron con sorpresa y rabia ante las revelaciones del exagente de la CIA Edward Snowden: “Estados Unidos ha interceptado llamadas de millones de ciudadanos europeos”, “la Administración Obama espía incluso a sus aliados políticos” o “la NSA tiene pinchado el teléfono de la canciller Angela Merkel”, algunos de los titulares que obligaron a la UE a escenificar su enfado con EEUU y exigirle explicaciones. Aquí están las respuestas de una de las enviadas a Washington para aclarar si hubo o no escuchas, aunque más que respuestas, lo que la europarlamentaria Teresa Jiménez Becerril  aportó fue un estruendoso silencio. 

Como adelantaba Sitel lo sabe, un denso banco de niebla rodea todas las actividades de espionaje de cualquier país, especialmente en el caso de EEUU.  En lo que a escuchas y sistemas de observación y vigilancia se refiere, ciencia ficción y realidad se confunden, haciendo muy difícil distinguir las teorías conspiratorias y las ideas que podrían, pueden materializarse o ya se han visto plasmadas en las ciudades europeas.

Sirva como ejemplo el caso de la película Minority Report, ambientada en un hipotético 2054, e inspirada en un relato corto de Philip K. Dick. En la obra de Steven Spielberg el personaje interpretado por Tom Cruise pertenece a un equipo de policías capaces de prever la comisión de delitos usando la tecnología más puntera, para después juzgar a quienes teóricamente están a punto de cometer un homicidio. Dicho de otro modo: en base a los análisis de un ordenador son capaces de anticiparse al asesinato que podría –o no- tener lugar. Pueden acusar a cualquier ciudadano de asesinato, meterle entre rejas, aunque sus manos estén limpias de sangre. Aún cuando no hay cadáver.

En este sentido, la realidad no supera a la ficción, pero comienza a acercarse: Con los espacios públicos monitorizados 24 horas, estadios, aeropuertos, estaciones y administraciones controlados… ¿resulta descabellado pensar que las cámaras no son sólo testigos mudos de lo que pasa? ¿Parece difícil que sofisticados programas puedan identificarnos analizando nuestros datos biométricos? ¿Es imposible que estas cámaras reconozcan patrones de conducta que les alerten de la posible comisión de un delito? ¿Qué estas acciones atraigan la atención de un vigilante con acceso a todo tipo de datos sobre el posible futuro malhechor? ¿Y si existiese un potente espía electrónico capaz de mantener a raya a quienes distribuyen y consumen pornografía infantil, pero también preparado para interceptar las comunicaciones electrónicas de millones de ciudadanos? ¿Qué pasaría si quienes desarrollasen un sistema con todas estas capacidades tuviesen fuertes intereses en los sectores de protección de datos o comunicaciones? 

06/03/2014: más respuestas y nuevas preguntas 

Un texto elaborado con las informaciones recopiladas por Alejandro L. de Miguel, Chema Castaño, Borja Pulido, Carmen Reja, Sofía López y Mónica González.

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